Relaciones caninas deformadas
Las relaciones entre las personas y los perros se han trasformado tan rápido y de forma tan profunda que escapa del ojo no entrenado. Tal vez con hacer un breve recuento es posible que la memoria regrese a las mentes y con ello el conocimiento ancestral. Y ocurrió, pues que, en los albores de la civilización, los humano; carentes de garras y colmillos para defenderse, de olfato y vistas agudas para detectar el peligro y de una piel gruesa para repeler los ataques; de forma muy ingeniosa domesticaron a los antecesores del perro. Al principio esas relaciones eran un sencillo intercambio de habilidades y en algunos casos lo que podríamos llamar compañía y amistad. Los animales proporcionaron al ser humano apoyo en la caza, en la defensa del hogar, sostén en la supervivencia, la vigilancia y en algunos casos hasta en la lucha por la conservación de la vida y la ganancia de nuevos terrenos. A cambio los proto perros recibieron alimentos seguros, compañía, protección, resguardo del clima y la fuerza de una nueva manada más poderosa e inteligente.
Esa dependencia inicial se fue transformando y evoluciono a través de los siglos desde un intercambio de habilidades en donde el ser humano les proporcionaba casa y comida mientras el animal se convertía en un ser que le ayudaba en el trabajo. Y eso ocurrió a todas las razas de perros. Eso incluyo a los grandes como perdigueros y cobradores de caza, labradores y ovejeros, cuya actividad y colaboración no necesitan mayor descripción pues sus denominaciones de razas lo hacen de forma explícita. Hasta los perros chicos, muy pequeños, eran cazadores se adaptaron y se transformaron en cazadores de ratas y otras plagas a nivel tan avanzado como los gatos. En todos los casos y circunstancia ese nivel esa cooperación especializada se desarrolló en el trascurrir de los siglos, hasta que llegamos al siglo XX.
Poco antes de su entrada se pudo ver perros colaborando en las guerras, trasportando municiones o destruyendo tanque; descubriendo drogas, siendo otra vez los feroces vigilantes a tiempo completo, no eran las más nobles tareas, el caso es que aun ocurrían hombro a hombro con los humanos, como compañeros en todo terreno y acción, de nuevo en el campo como una dupla de trabajo funcional y cálida; una justa despedida para esa relación que tardo milenios en desarrollarse.
A partir de los finales del siglo XX se empieza ver a los perros con otra mirada. La mayor parte de las actividades que ellos realizan no están disponibles y porque los seres humanos se van a vivir en los centros urbanos superpoblados y carentes de espacio. Lo que anterior, fue una relación de trabajo y física. se transformó de repente en una codependencia mental. Los seres humanos tratando de revivir los tiempos del campo, la pradera, la caza, la lucha y la supervivencia tratan de tener perros que no necesitan más que en su imaginación y su Psiquis para revivir tiempos recientemente pasados, forjando en su medio urbano una dependencia por su presencia. Ese ese momento cuando aparecen los perros de compañía, de apoyo emocional, de apoyo sentimental, moral, de apoyo psicológico y hasta psiquiátrico.
Es notable que todos los perros de compañía sean razas que ya no son capaces de sobrevivir en un entorno rustico. Y esto último ocurre; la incapacidad para luchar y sobrevivir; porque ellos también están faltos de apoyo psicológico, emocional y hasta mental de sus amos. Esto ocurre porque los animales escogidos para hacer compañía a los seres humanos son los que más sufren al hacer ese trabajo; ellos no lo saben y el humano tampoco; son animales acostumbrados y creados para el trabajo como un husky, por ejemplo, o un perro esquimal, hechos y creados por siglos de cruces y selección para soportar una vida en donde tendrían que halar de un trineo carga durante horas, 5 o 6 veces al día en condiciones de clima extremo; en cambio ahora tratan de sobrevivir mientras están encerrados en apartamento de 30 a 30 metros cuadrados útiles y están allí, casi incapaces de moverse, sin hacer esfuerzos, mirando en la televisión la vida pasar, volviéndose locos hasta que al final del día llega el amo y le proporciona un poco de calma, lo saca a mear, lo lleva a cagar y recoge sus excrementos, luego los regresan a su encierro, en esa jaula donde seguirá atrapado al igual que ese individuo; también nacido y que evoluciono para sobrevivir en la selva, el campo, los desiertos; ambos están igualmente encerrados compartiendo el calabozo. La conclusión es que la camaradería y trabajo compartido de antaño creo afecto genuino entre seres humanos y canes, dejo de serlo y se deformo para convertirse en una codependencia psiquiátrica pura.
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