Suturar la herida

 Suturar la herida

El tiempo que se tuvo para vivir y disfrutar de la protección del mantra seudo religiosos que dice "Si la bota insolente del extranjero osa pisar el suelo sagrado de la patria, nosotros los echamos por donde vinieron" se terminó el tres de enero del año dos mil veintiséis. Repetirlo cien veces al día inflamo de coraje el pecho del venezolano e hizo arder la sangre con el fuego del patriotismo, dio valor; llenó de pretensiones para salir a las calles, para hacer el paso de los andes cien veces en camiseta, para repetir la campaña admirable de ida y vuelta en alpargatas, para producir orgullo y la sensación de patriotismo; pero el hechizo se rompió. Ese tiempo ya pasó. Fueron 204 años de soberanía absoluta y de resguardo, del impoluto suelo de la patria, hasta que el encanto se rompió durante tan solo unas pocas horas. Pero se quebró.

Esa ruptura ha causado una gran herida en el orgullo y el patriotismo de la nación, abrió un corte no solamente en el corazón del país, también en su historia republicana. Y no hay manera de ocultarla; la sangre se derramo, el fuego ardió y los escombros quedaron a la vista, no hay forma de disimular o mirar a otro lado; por es necesario asumirla y hacerlo con la valentía que viene de la derrota, con el coraje que nace de la destrucción, porque del vencimiento también nace una nueva clase de valor.

Es necesario ver el futuro con todas sus posibilidades. No tiene que causar pena, tristeza o desazón, muchos han sufrido la derrota y luego pactan para seguir sobreviviendo como nación: los alemanes lo hicieron, los japoneses, los italianos, los coreanos, los argentinos, los peruanos, los chilenos, los bolivianos, muchos lo hicieron y a partir de allí construyeron otro tipo de victoria, todos han tenido que hacerlo, porque el mundo sigue adelante y nosotros no somos la excepción.

El lugar para marcar ese renacer debe ser el mismo dónde todo ocurrió, donde se desarrolló el desastre, donde penetro esa puñalada trapera que nos propino un país que tiene, por supuesto, más pie de fuerza, mucha más tecnología, más armamento y experiencia en la guerra moderna de la que alguna vez pudiera el país pensar en tener. En ese sitio debe construirse un monumento conmemorativo para no olvidar, elevar allí un santuario que haga recordar cada día que se debe invertir en lo moral, educativo, en lo económico, en los principios y metas fundacionales para no perder el país en el camino.

Su simbolismo debe estar a la altura de la sabana de Carabobo; que  está construido sobre piedras extraídas de la Puerta de Caracas, un lugar donde el ejército libertador nunca obtuvo una victoria; y debe replicarlo, retrotraerlo, con una obra de arte y arquitectura hecha por un venezolano digno, intachable, sin macula moral, financiado con aportes voluntarios de los ciudadanos, que sea algo que nos haga perpetuo el pensamiento de seguir adelante, juntos, sin diferencias, así como lo han hecho muchos países del mundo en sus propios campos de la derrota. Y luego llevar ahí a cada uno de nuestros soldados en peregrinación, para que vean que podemos ser derrotados, y sobre la conciencia de las debilidades de un momento hacernos más fuertes.

Es necesario reconocer que este evento cambia el rumbo de la historia de la Republica; el hostil vino y nos clavó el estoque donde hace más daño, nos sorprendió débiles y divididos en defensa de la patria y eso no volverá a ocurrir. La fuerza armada que ayer fue exportador de libertad hoy recibe en su corazón el puñal de la traición, y lo acepta en defensa de la nación y su pueblo; tal y como juraron hacerlo cada uno de sus miembros, y es su deber inalienable, irrenunciable y eterno; juramento que sus integrantes recordaran en sus últimos momentos de vida, sacrificio que no se borrara jamás de la memoria del país. Esta herida no se sutura con hilo de seda, la carne separada por el invasor debe ser unida y suturada con los eternos lazos del tiempo y, ante todo, de la fidelidad a la nación. Es de esperar que deje cicatriz, hacia el pasado; y que la nación al ver el reflejo de su cuerpo en el espejo de los tiempos pueda ver los resultados, recordar los hechos, nunca olvidar y seguir viviendo.




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