La privatización de la paz

 La privatización de la paz

Cuando se pretende que una idea o propuesta se comparta, difunda y discuta en el seno de un grupo social para lograr que sea comprendida y que eventualmente exista consenso en su aceptación y aplicación se dice que estamos frente al proceso de socialización de esa propuesta; dicho de otra forma; la socialización es un proceso razonado y desarrollado para despejar dudas, fomentar la participación, para validar una idea y ajustarla al momento histórico antes de su formalización o ejecución. Esa propuesta a socializar y eventualmente aprobar por todo un pueblo puede ser la de llevar a un país a la guerra contra una amenaza externa o interna.

Hasta este punto parece razonable y justificado. La duda que surge es, por que un individuo cualquiera querría ir a la guerra y arriesgarse a perderlo todo cuando lo mejor que puede esperar es regresar vivo. Lo natural es desear vivir y morir en paz, nadie quiere la guerra. La respuesta a esa duda es clara, son los líderes de un país quienes socializan la propuesta de ir a la confrontación violenta y en ese escenario logran convencer a su pueblo y que este se convenza que tiene la necesidad de ir a morir en los campos, las playas y las calles de su nación. Y esto ocurre de igual forma en democracia, dictadura, reinado, gobierno socialista o en comunismo. Si bien en una democracia la socialización de esa propuesta se realiza por intermedio de los representantes parlamentarios el resultado es el mismo. Ahora cabe razonar sobre la premisa central, lo que motivo o lleva a la gente común a dar su aprobación de iniciar una guerra si nada tienen que ganar en ella. La respuesta es sencilla. El miedo. Los lideres solo tienen que decir a sus conciudadanos que están bajo acoso, que su libertad; real, parcial, relativa o ficticia; esta en peligro, que están bajo ataques o amenazas y adicionalmente tienen que afirmar que quienes se oponen a la guerra no son patriotas o peor, son traidores, vendidos que exponen a su país al peligro de la ocupación, los recursos a la expoliación y su sociedad a la extinción.

El contenido del párrafo anterior se puede entender como un capítulo en una clase magistral en la materia psicología de masas y la manipulación política; pero es el parafraseo de las notas de una entrevista ocurrida en la celda de Hermann Göring el 18 de abril de 1946 y realizada el  psicólogo Gustave Gilbert quien cita el contenido en su obra “Diario de Núremberg”  que se puede resumir en que el poder usa el miedo, el lenguaje y la idea de una decisión socializada para llevar a un país hacia un conflicto interno o externo y que de paso sus habitantes sientan que la idea fue suya y que fue la mejor elección y así lo aceptan liberando a los líderes de toda responsabilidad. Y así comienzan las guerras modernas. Queda claro que los conflictos bélicos no empiezan en los campos de batalla, se inician en las plazas llenas de pueblo convencido por las mentiras y atacado por el miedo; que acepta la propuesta de ir a morir en la batalla; arengados y guiados por líderes que jamás pisaran uno de esos campos.

En contrario, la paz es la negociación de los acuerdos y la armonía, es un oficio privado, no se discute en las plazas ni se socializa. Es acordada por entidades privadas o ciudadanos individuales que de repente, en medio de las hostilidades, son iluminados y llenos de sabiduría para descubrir que la concertación, la cesión de terreno en lo moral, político y económico son las materias para la solución del conflicto. Es como si todo el discurso político, los miedos, los temores sociales y las amenazas internas y externas desaparecieran o, que desde un principio nunca existieron. La negociación de la paz pasa por desconocer por completo las ideas políticas que fueron arraigadas en su inicio y arrancar de las mentes el nacionalismo y los temores sociales, nunca económicos, que justificaron el arranque del conflicto.

La primera vez que la expresión la privatización de la paz apareció a la vista de algunos fue en una película de super héroes en donde un multimillonario gana las guerras, logra la paz en el mundo y es llevado a juicio por tomar en sus manos un poder que solo corresponde a los países. En ese tribunal el héroe pregunta por qué debe pedir perdón por construir la paz y pone en evidencia que más allá del interés económico, está el ego individual, el interés político, la crueldad y la esclavitud. El personaje cierra manifestando que los gobiernos procuran iniciar las guerras y luego culpar a las corporaciones por hacer la paz. Tal vez sea la hora de permitir que las corporaciones hagan la paz y que los gobiernos se dediquen a su negocio, el de hacer más libres, sanos y felices a los pueblos; que los gobiernos dejen de aprovecharse políticamente de los ciudadanos para perpetuarse en el poder y dejar que las corporaciones hagan el trabajo de acrecentar la prosperidad económica y social de los pueblos.  

Los gobiernos hacen creer que tienen el monopolio para dar la mejor solución cuando a final de cuentas son ellos quienes preguntaron quienes querían la guerra luego de mostrar monstruos y temores en contra de la paz; mientras las personas sencillas, las que sufren y luchan, pero no obtienen ningún beneficio, sino que simplemente reciben las bombas, son quienes tienen menos interés en saber quién construye la paz. A final de cuentas, si de verdad las guerras comienzan por razones económicas y terminan por la misma causa, entonces no tendría nada de extraño que es una buena idea pensar que su final sea acordado por las grandes corporaciones que podrían ser mejores y más sinceros negociadores, pues al de cuentas las madres de los muertos no necesitan un discurso patriotismo cuando van a los cementerios a dejar descansar los restos mortales de sus hijos.




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