La función de las leyes

La función de las leyes

Según las teorías legales y políticas que las respaldan, las leyes escritas y las de tradición, fundamentalmente sirven para regular la convivencia humana; algo así como un freno a la barbarie y desorden propio de los seres humanos. Visto de esa forma las comunidades humanas necesitan, requieren, anhelan y piden que un poder superior le proporcione las reglas que los regule en su gestión grupal, pues de otra forma se hundirían en medio de la vorágine de sus deseos más terrenales y en el caos más profundo e indecible sin su influencia, pues los grupos humanos son conglomerados incapaces de autorregularse. 

En esas teorías las leyes son las normas y establecen los modos y los límites de cómo deben comportarse las personas individualmente y en grupo para garantizar la seguridad de los individuos más vulnerables, sus bienes y sus intereses inmateriales definiendo derechos y obligaciones para evitar conflictos, proporcionan las herramientas para solucionarlos cuando se presentan y orden a los entes de gobierno que controlan el funcionamiento del estado, la economía, la salud, la educación y el ambiente, en suma, las leyes ordenan la vida de los seres humanos y sin ellas reinaría él caos. Esa es la presunción desarrollada durante siglos y que esta académicamente aceptada y actualmente está al margen del debate pues es la catedra aceptada.

Ahora; si en un país hipotético, inexistente y utópico, todos los habitantes, gentes comunes, aceptan que el caminar por sus calles y hacer la vida social sin el uso de ropas; es decir desnudos, es normal y socialmente aceptado, por todos, desde tiempos inmemoriales o desde hace un par de días, el tiempo no importa; cabe preguntar, desde la perspectiva de la sociedad actual si el desarrollo de una ley que regule la desnudes está cumpliendo alguna función positiva. Lo otro es, si acaso surge una ley que prohíba el uso de ropa en cualquier circunstancia está se hallaría en contra de lo natural que es abrigarse cuando hace frio. Y para los extranjeros, esas leyes en contra de estar vestidos irán de frente y con furia al espíritu de libertad de quienes habitan en ese país hipotético y utópico. 

El asunto es que las leyes deben servir para proteger lo que se considera bueno entre las gentes de bien de una nación. Cuando una pequeña parte de la población se sienten superior a la manera de pensar de un país y empieza a crear leyes para construir el país que les parece adecuado, necesario o bueno según la manera de ver y pensar de ellos, sin consultar a los demás en el país, están pasando por encima del deseo y naturaleza de sus habitantes por muy buena que sean sus intenciones.

Las leyes no deben existir para favorecer a las mayorías, pues en esta situación estamos frente a legislaciones que desprecian a las minorías, desechan la forma de pensar de todos para beneficiar el pensamiento de unos cuantos sin que sea la voluntad y forma de pensar de todos los habitantes de ese país hipotético.

Los romanos no inventaron leyes, solo compendiaron y dejaron por escrito la forma aceptada y funcional de hacer las cosas correctamente, de dirimir las diferencias y de castigar a quien no obedece al designio que los usos y costumbre de los miembros y habitantes de un país han señalado como correcto y bueno.

Las leyes están y deben ser para proteger lo que el país desea que sea su destino, no para solucionar problemas inexistente o inventados o para enrumbarlo hacia un futuro que no está aceptado por la totalidad de sus ciudadanos, dicho de otra forma, si alguna ley no puede satisfacer las expectativas de la totalidad de los habitantes de una nación no es ley, es imposición de una voluntad de una mayoría que desconoce a las minorías o de una minoría con tanto poder que puede disfrazar de legalidad y vestir con formas de democracia su absoluta voluntad. No debe ser posible ni aceptado que un pequeño grupo de personas, por representativo que sea, secuestré la voluntad de un país, aunque sea ficticio e hipotético. Para eso son las leyes.

 


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