Hasta ahora nadie se ha preocupado demasiado por determinar su origen y tampoco por identificar a su autor, ni siquiera se ha gastado algún tiempo en determinar de donde salió esta teoría que plantea que el carrito de supermercado, o carrito de la compra, es el instrumento que proporciona a los miembros de la sociedad moderna una eficaz herramienta mental para diferenciar entre quienes, si son individuos rectos, probos, honesto, virtuosos, dignos, decorosos y quienes no lo son.
El lugar para realizar este
examen de las cualidades del ser humano puede ser cualquier mercado o local
comercial en donde se dispone de estos vehículos; los de cuatro ruedas más
abundantes en el planeta; para comodidad de los compradores. La tarea puede ser
llevada a cabo por cualquier individuo sin formación especial para ello. Esta
consiste en observar el comportamiento de quienes conducen uno de estos
vehículos de tracción a sangre y sin motor hasta el momento en que se debe
devolver al lugar destinado para ello, sea en un estacionamiento o simplemente
donde no sea un estorbo.
Estos carritos no
pertenecen a los usuarios o consumidores, se les facilitan para satisfacer una
necesidad particular y por ello, no colocarlos en el lugar destinado para ellos
no es un delito. Tampoco una falta disciplinaria. Nunca acarrea algún tipo de
sanción por parte de los administradores del local comercial, de parte de otros
usuarios o de los trabajadores del local que deberán recogerlos y llevarlos al
correspondiente sitio en donde estarán disponibles para su siguiente uso o paso
en la cadena de prestación de servicios y comodidades al comprador.
Fingir, simular o aparentar
que se olvida el carrito en cualquier lugar, abandonarlo a su suerte o
simplemente empujarlo hacia lo desconocido; menos aun cuando no exista una
situación de emergencia o de riesgo inminente a la vida y salud de quien lo conduce;
no equivale a la trasgresión de alguna ley ni acarrea sanción. Mas el acto de llevar
y colocar el carrito de compras en el lugar destinado para ello es la prueba irrefutable
que proporciona la modernidad para reconocer a los individuos que harán lo
correcto sin verse obligado o forzados a hacerlo.
Un simio en estado
salvaje no devolverá a su lugar el carrito de supermercado, un venado tampoco
lo hará; un hombre de las cavernas no lo hará porque no puede comprender que lo
correcto es devolverlo y una mala persona que es incapaz de vivir en sociedad y
en sana convivencia no lo hará porque su corazón le dice que nadie puede
obligarlo a hacer lo correcto, lo cual es cierto, no existe alguna ley o
autoridad amenazando o ejerciendo coerción positiva o negativa que le pueda
obligar hacer o no hacer, simplemente, lo correcto.
El carrito de supermercado es el experimento máximo de si una persona hará lo correcto sin verse obligada a hacerlo. Nadie lo castigará por no devolver carrito de compras, nadie lo multará ni lo linchará por no devolverle a su lugar, no gana nada ni le quita nada a nadie. Este ejercicio de observación no genera estadísticas y es posible que no sirva como base comparativa para el descubrimiento de otras conductas y su relación con el buen funcionamiento de la sociedad. Solo deja al descubierto a ser, a un posible miembro útil de la sociedad que es incapaz, por voluntad propia, de hacer lo correcto; también define si esa persona es un elemento positivo o negativo para el desarrollo de la sociedad en que vive, delimita si está del lado de los que hacen o correcto en la vida o no.
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