Ingredientes para un golpe de estado

La preparación de un golpe de estado o el derrocamiento de un gobierno es un acto que de ninguna manera es legal. Puede que sea justo, puede que sea humano, misericordioso o compasivo, pero nunca será legal porque ilegal es toda acción que se realiza en contravención a lo establecido por una o más leyes y es seguro que todos los compendios legales, presentes y pasados, de todos los países del mundo establecen que la toma del poder político por la fuerza es un delito muy grave. La deposición de un gobierno establecido no es cosa de improvisación, no nace del pueblo común ni es creación de una mente maestra.

Es un proceso coordinado por el puro azar que lleva a un grupo de hombres a actuar cada uno por su cuenta y pensar que están haciendo algo para debilitar, mal poner o ridiculizar al gobierno cuando en realidad están por hacer otra cosa más grande que la suma de sus partes y una lleva a la otra, para cuando se dan cuenta están derrocando un gobierno. 

Lo anterior se comprueba revisando la historia; todos los protagonistas de sucesos similares, al ser consultados sobre su participación y organización parecen asombrados con los resultados, ninguno esperaba el éxito total, no hablan con certeza de planificación, preparación, diagramas, documentos de análisis y tesis estratégicas. Todos narran anécdotas de ese día y como fueron sorprendidos por la noticia y cual su reacción ante los hechos que ya se desarrollaban frente a sus ojos. Y siempre aparece el nudo de la decisión, meterse debajo de la cama y proteger la vida propia (decisión legitima) y salir, participar y que sea lo que la suerte quiera. 

Los verdaderos creadores de golpes de estado, las agencias de inteligencia de algunos países; los que de verdad los promueven, no los que se aprovechan de un complot nacional; siempre lo niegan hasta pasados 50 años; es decir, pasada una generación; momento en que quienes los vivieron en carne propia, lo sufrieron o lo gozaron, ya están muertos, (y no entendieron que ocurrió) quienes están y no lo vivieron y no les importa o se criaron con la versión oficial y tampoco les importa. Quedan los trasnochados estudiosos, intelectuales o fanáticos del tema que, si les importa, por razones que se mencionaran más adelante, pero no pueden hacer nada para remediar el pasado más que encontrar en él razones para justificar su propio golpe de estado en el presente. 

Hechas estas aclaraciones pasemos a lo importante. 

El primer ingrediente para organizar un golpe de estado es un grupo de personas que tiene una necesidad (económica, social o política) que se ve interrumpida, trastocada o fastidiada por un gobierno que lo hace aludiendo buenas intenciones, escondiendo malos propósitos o simplemente porque esta nutrido de idiotas con poder que no saben qué hacer con él y hacen idioteces, sin embargo puede ser un gobierno que a las buenas o por las malas ha llegado a ser la autoridad. 

El segundo ingrediente es dinero, mucho dinero. Su origen no es importante; puede ser el financiado por industriales, comerciantes, por otro país, por criminales, por la beneficencia y la caridad o por otro gobierno, por un partido, por un particular; no importa el origen de ese dinero, puede ser hasta el narcotráfico. A final de cuentas los billetes no tienen nombre ni nacionalidad (sí lo tienen en realidad pero a nadie le importa) porque mucho más de la mitad se queda en los bolsillos de quienes trasladan, reparten y hacen de banqueros de los financistas (los golpistas) y a quienes los proporcionan poco o nada les importa ese robo pues es calderilla, sencillo, menudo, vueltas, centavos; saben que después ellos se compensaran con el saqueo formal y en serio de las riquezas de un país, por pobre que sea.

El tercer ingrediente para maquinar un golpe de estado es la voluntad de unas fuerzas armadas del país (ganada, comprada, chantajeada, comprometida, voleada, estudiada, o patriótica o nacionalista según el momento social o político o económico) que están preparadas para aceptar el resultado de una acción política violenta, que no necesariamente es o será socialmente pacífica. Esto último, porque el golpe de estado, por definición, es una acción en donde se arrebata, quita, desposee o despoja del poder a uno por acción de otro y ocurre que el único que puede intervenir a esa acción entre civiles es el poder militar, quien se opondrá, lo apoyara o simplemente vera los toros desde la barrera mientras se come un churro con chocolates mientras los ciudadanos cual gladiadores modernos se descalabran. Y si ocurre que quien lo ejecuta es el mismo poder militar el éxito está asegurado. 

El cuarto ingrediente para una conspiración exitosa es una persona humana viva, con pasado moral en cero, sin mancha ni tacha o que toda su “mancha y tacha” se haya lavado borrado y planchado, una figura que haga contrapeso a la figura humana que representa al gobierno. No hace falta que sea inteligente, no hace falta que sea carismático, no hace falta ni siquiera que sea el mejor; simplemente que sea una figura utilizable para contraponerla a la del gobernante en turno (quien puede ser legítimo o ilegítimo). La figura tiene que ser contrapuesta sin importar como o porque, eso es definitivo; si aquel es negro este tiene que ser blanco, si aquel es alto este tiene que ser bajo, si este es inteligente el otro tiene que ser más inteligente; la contraposición es muy importante pues cada uno de los defectos del gobernante será exaltado será exaltado y cada una de sus virtudes disminuida y en la misma proporción serán expuestas en la figura contrapuesta. 

El quinto elemento es una figura moral humana, real o irreal, pero eso sí, intocable. Los héroes del pasado, los dioses, la mitología, las tradiciones, las leyendas y los mitos son excelente fuente para su extracción. Poco se puede hablar de este asunto pues se desprende de la imaginación, temores y grado de cultura de los participantes. 

El sexto aderezo es una persona humana viva que odie desde lo más profundo de su corazón a la persona humana cabezal gobierno de turno y en especial a su familia, amigos, suegra, perro, vecinos y colaboradores más cercanos. Esta persona es la punta de lanza y motivación del proceso de golpe de estado, será quien prepare las estrategias motivacionales y las arengas que agitan a las masas. Generalmente estará envenenado con su propia sangre que va llena de odio, envidia, rencores o simplemente de un recuerdo de la infancia en donde fue abusado, le quitaron una moneda o fue víctima de una “la eres” llena de trampas o prevaricato. Ese aderezo ahora quiere venganza, perdón, que el gobierno le haga justicia y le restituya su infancia. 

El séptimo menjurje de esta trama es un grupo amplio y bien definido de consignas, himnos, canciones y guarachas, poesías y escritos épicos que motiven y glorifiquen el acto de golpe de estado que se está por cometer y justificarlo como un acto de justicia y patriotismo, para alejarlo de la vanidad, los rencores, la ambición y la venganza. Esto es necesario, pues si no se lava la mente del pueblo común, nacional e internacional, es imposible que se trague la píldora del patriotismo, más aun, cuando vaya en contra de sus intereses humanos. Si el golpe de estado va a favor de sus intereses la píldora también debe estar presente. Es ineludible dejar claro que el pueblo no es necesario, que el pueblo ni siquiera es un ingrediente para la ejecución del golpe de estado, los pueblos no dan golpe de estado, los pueblos y sus ciudadanos están preocupados en que van a comer hoy y que van a cagar mañana, el pago de la renta y tal vez en reproducirse. 

El octavo ingrediente y guarnición de esta receta son dos grupos de personas. Uno grande y muy motivado desde el estudio y los conocimientos, son los intelectuales necesarios para que se sustente la base ideológica del golpe de estado, serán esas personas que van a la prensa y hablan, esos que escriben y alimentan el derecho/deber de quienes intentan el golpe de estado y hacen lo creíble e increíble por justificar lo que es simplemente ilegal. Por otra parte, está un grupo más reducido y selecto; pero más caro y que consume más recursos; es el grupo de vándalos agresivos e intolerantes, el grupo de choque que suele ser llamado Caballeros defensores del derecho y la patria, a quienes pudiéramos llamar, aludiendo a la historia contemporánea de Venezuela, un Grupo Violento pero patriótico, muy pequeño, bien pagado, de pocos ideales, que están muy claros en cuanto hacia dónde dirigir sus odios, sus frustraciones y sus agresiones. En algún momento de la intriga unos de estos grupos pueden ser parte del otro, pero si se mira con cuidado ambos siempre estarán separados muy en el fondo. 

El noveno ingrediente de la trama es la prensa, la televisión, los medios de comunicación y de forma moderna las redes sociales, únicas formas para hacer llegar el mensaje del golpista que, moderado con el grupo de intelectuales e intelectualoides, se convierte en la justificación de cualquier cosa, sean matanzas, derribo de estatuas, destrucción de monumentos, depredación, robo, panfletos, libros explicativos o demostrativos, pantaletas, burlas, aciertos, obras de teatro y todo aquello que sea útil para justificar el golpe de estado ante la opinión pública nacional e internacional y apaciguar la conciencia de quienes en algún momento tendrán que arrancar cabezas y sacar ojos. 

El décimo ingrediente no es importante. Los pueblos son borregos que balan al sol, berrean a la lluvia balan y claman al ovejero que los lleva al matadero. Cantarán las consignas que le sean agradables y repudiarán las consignas que le digan que son desagradables, pero no podrán hacer nada en contra de fusiles, ametralladoras y tanques. Un gobierno instituido y respaldado por las fuerzas armadas puede masacrar a quien le dé la gana y nada, ni nadie se opondrá o pondrá su pecho para detener las balas. Las organizaciones por la defensa de la vida y los derechos lloraran sobre los cadáveres, gritaran de dolor sobre la sangre derramada, pondrán banderas sobre los féretros y erigirán monumentos en las calles y en los cementerios y eso de nada servirá porque a final de cuentas el soldado ya ha disparado en la dirección en que se le ordeno, el nunca vio personas, solo vio un espacio hacia dónde Descargar la ira que le ha sido inculcada en los campos de entrenamiento no es su culpa. 

Quién en realidad se beneficia de un golpe de estado son el selecto grupo de invitados a la piñata, a la fiesta, un espectáculo en donde los caramelos caen al suelo por efecto de la ruptura de una figura y de dentro de él se escapan las tripas dulces. Eso ocurrirá mientras esa elite mira sin mancharse las manos de mierda. Quien entre los presentes tenga más fuerza aprovechará más que otros y después repartirá en razón de su mayor beneficio. No es ni siquiera cuestión de amor o amistad, es pura, sencilla y sincera conveniencia. El concierto del golpe de estado de buenas intenciones y preñados de bajos instintos inspirados en patriotismo, libertad e igualdad. Es probable que la mayor motivación para un golpe de estado sea la extracción de materias primas y las peleas personales que se desarrollaron en la escuela durante la infancia de sus protagonistas. 

Nadie sabe cómo termina un levantamiento violento en contra del gobierno de un país, Si falla será un intento de golpe de estado, un alzamiento ilegal. Si triunfa será una gesta de libertad, heroísmo y patriotismo que puede terminar en más de lo mismo, menos de lo mismo o en cualquier otra cosa; todo depende del discurso patriótico del momento. El tiempo lo dirá. Porque al igual que las buenas intenciones de cualquier gobierno elegido por votaciones, que de ninguna forma esta obligado a respetar y cumplir (nótese que no dice democrático o legítimo, eso es harina que viene en otro costal) los golpistas, menos aún, tienen alguna obligación, pues llegaron por fuerza propia y sin compromisos con los pueblos, son libres de hacer lo que su perra y regaladisima gana les permita. Lo cierto es que la masa que forma el pueblo se aglutinará al lado de estos ingredientes, si están bien organizados y son de buena calidad ellos harán que la masa levante, crezca se reproduzca y cada ciudadano que lo quiera hacer, pueda morir feliz en las calles en nombre de un ideal y en contra de otro, aunque sea el mismo país y la misma bandera.

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