El ultimo sitio militar a la ciudad de San Felipe (primera parte)

No existe alguien pueda recordar a San Felipe inundada por el estallido de la fusilería, los gritos de los heridos, el olor de la sangre que derramada se mezcla con la pólvora. Pocos tienen esos recuerdos trasmitidos de padres a hijos de los días en que la ciudad estaba en llamas, asediada por el enemigo del gobierno establecido. Mientras la Guerra de Independencia dejo de lado a la ciudad, sin casi perturbar su vida, la Guerra Federal se instaló en nuestras calles y durante más quince días aterrorizo al grueso de la población. Era jefe de gobierno el “Excelentísimo Señor General José Antonio Páez, jefe Supremo de la República” (esta era la forma oficial de dirigirse al entonces presidente), en su contra y de su gobierno se levantó la Revolución Federal, cuyas tropas oficialmente eran denominadas “facciones” y catalogadas de bandoleros, asaltantes de caminos y saqueadores.

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Según los partes escritos, las acciones que llevaron al sitio de la ciudad se iniciaron el 11 de agosto de 1862, cuando esa mañana el gobernador de la provincia, coronel Joaquín Díaz se dirigía a Yaritagua para atender algunos asuntos. Estaba en las cercanías de Guama, siendo cerca de las siete de la mañana, cuando es informado por lugareños que desde más temprano se habían oído disparos provenientes desde Chivacoa; el gobernador tomo en Guama 16 hombres del cuerpo de policía y siguió a Chivacoa, al llegar vio el cuartel en llamas y tropas opositoras dando vítores a la federación. Sin hacer alguna acción en contra de los ocupantes, salió y se instaló en un lugar próximo a la ciudad llamado “Corralito”, ya en la tarde se moviliza hasta San Pablo y pide un auxilio al comandante militar de San Felipe y Sucre, el comandante Daniel Torréllas quien envía para apoyarle un contingente de 25 hombres. El día 12, el gobernador, quien permanecía en San Pablo, envía 2 hombres de caballería a Chivacoa para observar al enemigo, pronto se encuentran con la avanzada Federal y observan el grueso del cuerpo militar que se aproxima, esta tropa entra a San Pablo abriendo fuego, los defensores resisten brevemente pues la diferencia de fuerzas es notable; los invasores se dividen en dos cuerpos, uno que corta por un flanco y el otro arrolla el frente no dejando escapar a ninguno de los defensores que son muertos, heridos, capturados o simplemente huyen despavoridos. El comandante militar en San Pablo y el gobernador, como únicos sobrevivientes de la fuerza de defensa, son perseguidos hasta el rio Guama, pero logran huir hasta San Felipe, en donde informan al comandante Militar de San Felipe y Sucre, y tratan de preparar la resistencia al inminente ataque.

Los fuerzas que realizan el ataque a la ciudad de San Felipe son las tropas del general José Desiderio Trías Guzmán y su Comandantes, Márquez, Eduvigis Rivero, Saturnino Velásquez, Freites, Sequera, Salas y otros, que fueron convocados para atacar esta ciudad, posiblemente con el único fin de hacerse de pertrechos de guerra, alimentos y personal, todo bajo la premisa que la ciudad disponía de un pequeño cuerpo de defensa y que su ubicación le daba ventajas económicas de interés táctico para los invasores.

Señala el gobernador, en sus escritos oficiales, que desde su llegada a la ciudad huyendo de las tropas que le persiguen desde Guama, cercana a las diez de la mañana, hasta el arribo de los primeros cuerpos de las tropas Federales, dispuso de solo una hora para preparar la defensa. En ese tiempo solo pudo fortificar tres manzanas con la colocación de guerrillas (nombre dado a los cuerpos o unidades de combate improvisadas, conformadas por hasta 20 individuos). Ese día 12, y los subsiguientes no lograron tomar el cuartel de la ciudad, incluso trataron de incendiarlo. Esta situación se prolongó durante 14 días más. De las acciones desarrolladas en ese tiempo el gobernador no hace ninguna mención de carácter militar, solo refiere las penurias que paso el cuerpo de defensores producto de la falta de preparación, por lo que les llevo a recurrir a comer animales de carga (mulas y caballos), y que de tanto en tanto el hambre fue mitigada “llevando a la boca un pedazo de limón agrio y de guayaba jojota”; pero fue la carencia de agua lo que más dolor causo; señala el gobernador que “el agua, señor, la pedíamos al cielo; del cielo nos venía de vez en cuando”. El agua con que contaban los defensores fue arrebatada por los sitiadores, pero no describe el gobernador en qué situación ocurrió esto. Tan desesperada era el escenario que confiesa su determinación de dar fuego al parque antes que dejarlo en manos de los sitiadores y así dar fin a sus penurias sin dejar de cumplir con su deber.

El sitio fue levantado el 26 de agosto de 1862 por la noche, cuando las tropas de la federación se enteran de la aproximación de las fuerzas leales al gobierno precipitan la salida tomando el camino de Boraure hacia sus cuarteles en la población de Sarare.

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