Uvalde: cuando el miedo es libre

Lo ocurrido en la ciudad de Uvalde, estado de Texas, es lamentable desde todo punto de vista y eso es indiscutible. También nos deja muchos elementos para reflexionar, de ellos, uno de los más importantes es el hecho de que los policías que se hicieron presentes en los momentos que ocurrían los hechos y que actuaron lo hicieron dentro de los límites que les impone el deber, en aplicación del axioma que señala: nadie está obligado a hacer más de aquello para lo que fue contratado.

Es necesario entender que los seres humanos con uniforme de policías y con la responsabilidad que este nombramiento implica, al final de cuentas, solo son trabajadores cumpliendo con lo que sus jefes y los reglamentos les ordenan, cuidar su propia integridad física, evitar los delitos y no hacer daño al inocente. Lo de recibir balas y morir aun no esta escrito.


La investigación que se está haciendo va a revelar que los agentes del orden que participaron de los hechos (unos 376) lo hicieron dentro de los límites de lo razonable y de su deber, lo cual es absolutamente legal y pertinente. Ellos cumplieron con el protocolo e hicieron las cosas como debían hacerlo, tal como fueron entrenados. De hecho, ocurrió que uno de los miembros del cuerpo policial que respondió a la llamada de auxilio tenia a familiar involucrado como víctima en el tiroteo. Al parecer el trato de entrar y fue detenido porque estaba violando las normas que aplican al cuerpo de policía para responder a este tipo de situaciones: la primera vida que debe proteger el policía es la propia. Por tal razón actualmente están en boga tantas y tantas normas que protegen a policías como esa que dice que un ciudadano debe avisar que a los policías que le detienen por “rutina” que porta un arma y de inmediato colocar sus manos visibles y en alto, so pena de ser atacado en defensa propia por los guardianes de la ley.

Volviendo al caso de Uvalde, el atacante no estaba disparando hacia fuera, por tanto ningún policía estaba obligado ni motivado a entrar. Mas bien, estaban obligados a quedarse afuera para proteger la vida propia y eso fue lo que hicieron. Aquí, en este punto, es donde empieza a cambiar o girar el asunto; ¿por que nadie entró estando armado y protegidos por un chaleco? Porque los chalecos no protegen la cabeza, ni las piernas y tampoco detienen la bala de un fusil a escasos metros. Nadie en su sano juicio quiere morir, ser herido o sufrir por años a causa de un disparo.

Enfrentarse a un individuo de quien se desconoce todo; identidad, formación, capacidad de causar daño y equipo adicional; con el uso de armas cortas, o largas, con escudos balísticos y superándole en numero, sin saber si acaso es un loco que esta a la espera de atacar y hacer una masacre de policías no es una situación sencilla, de hecho es una situación de combate real en donde ya la sorpresa esta de parte del o los atacantes desconocidos, cuyas intenciones reales también se desconocen. Un infierno moral en la jungla de cemento. Una verdadera guerra urbana para que la ningún policía de pueblo o de ciudad esta preparado mentalmente para enfrentar, sobre todo con el lastre legal que significa herir o dar muerte a alguno de los rehenes o inocentes sea por necesidad, error, accidente o legitima confusión. En este punto la cárcel es el destino seguro para los policías que intenten actuar al estilo de Marion Cobretti.

El entrenamiento no resuelve nada; se espera que disminuya los errores entre lo que se cree que va a ocurrir, la forma en que las personas responden y la realidad de los hechos. Es decir, por cada punto que la realidad se aleja de los escenarios estudiados, la distancia entre el entrenamiento y la respuesta se separa en un 200% de los hechos. Si a esto se suma la ineptitud de los sistemas de entrenamiento y actuación policial para suprimir el instinto primario de autoconservacion y hacer que el policía enfrente con certeza y prontitud ante la amenaza de daño (no un daño cierto o inminente) a un tercero; tenemos como resultado un desastre en cada ocasión. Solo se tienen ganas de pelear una vez, luego viene el razonamiento y el analisis de los pro y los contra. Tal aptitud y actitud no sirve ni es motivante para arrebatar la vida de otro ser humano aun cuando las razones sean validas. Desde el punto de vista táctico y de combate cuando la oportunidad e impulso inicial se pierde las posibilidades de enfrentar al atacante y vencerlo disminuye; y en el caso de Uvalde, este nunca disparo contra los agentes policiales por los que estos nunca se sintieron amenazados y en consecuencia reaccionaron.

Los policías actuantes serán juzgados, si, serán juzgados pero es casi seguro que todos ellos serán exonerado pues no se ha cometido ninguna falta, menos aun algún delito. Visto desde otra dirección, si alguno de ellos hubiesen sido “valiente y audaz” estaría actualmente detenido, porque atacó y dio muerte a una persona que seguramente ya se había quedado sin municiones. Es una especulación. Nunca se sabrá que pudo haber ocurrido. Solo se sabe con certeza cuál sería la situación. Sería un hombre que sin obedecer ordenes entro y detuvo con el uso de fuerza letal al tirador. En un aula con dos maestros y mas de 25 niños seguro algún inocente estaría muerto por las balas del ahora denominado “gatillo alegre enfermo por las películas de acción” quien ya se encontraría tras las rejas por entrar y desobedecer. Si algo salía mal, incluso que la leche se cortara, el seria el culpable de todo. Entonces, la obediencia y la desobediencia pudieron hacer la diferencia en este caso. Fue una tragedia, es una tragedia y lo seguirá siendo, pero mayor tragedia es exigir a las personas que hagan más de lo que es su trabajo.

Por otra parte creo que los únicos seres humanos vivos reales que hubiesen entrado para hacer un rescate en ese momento serian los bomberos.

Porque los bomberos están entrenados para entrar a situaciones de riesgo latente y claro. Ellos son entrenados para reprimir el instinto de supervivencia y en consecuencia enfrentar los riesgos que se presentan para tratar y en algunos casos lograr salvar una vida. Se debe pensar que los policías deben recibir ese entrenamiento mental. ¿Pero cuáles serían las consecuencias de tener en las calles a hombres armados y con esa mentalidad? No sé sabe, aun así queda, clara esta la diferencia entre bomberos y policías.

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