Trasmilenio de Bogotá, lo malo de ser bueno

Transmilenio es un hito en la historia del transporte en Latinoamérica. Este sistema de buses para el traslado masivo de pasajeros, al mismo nivel de las carreteras ordinarias, transporta al 25% de la población de la ciudad diariamente, eso quiere decir, más de dos millones de pasajeros a diario y los hace de manera eficaz y quizás ese sea su gran defecto.

Este sistema se construyó sobre la base del terror que dejo el anterior sistema de trasporte en la ciudad que era operado por particulares y que genero una despiadada batalla comercial que se hizo famosa en un documental llamado “La guerra del centavo”. Allí se muestra como la ciudad no se desarrollaba por estar atrapada en la telaraña en donde los privados controlaban el servicio de trasporte público y lo manejaban con criterio de negocio privado, de forma despiadada hacia el usuario, el trabajador y los transeúntes; carente de seguridad, calidad, comodidad, higiene o puntualidad. En esas condiciones cualquier propuesta, aun carros tirados por bueyes cojos, se recibiría como la solución menos mala ante el problema existente.

Esto trajo como consecuencia que en el año 90 del siglo pasado las autoridades de la ciudad se interesaron por construir un sistema de transporte masivo y acogieron los buses en contra de las dos más conocidas que serían el metro o el tranvía (la ciudad ya lo había vivido). También se dejo de lado al monorriel y el trolebús, soluciones también mas conocidas y probadas en otras ciudades del mundo. Es posible especular que se escogió el sistema de mas rápida implementación y de menor costo para la inversión inicial, tal vez con la esperanza de hacer recaer el peso de la inversión y desarrollo en los hombros de los usuarios quienes aceptarían cualquier trato con tal de salir del infierno que vivían cada día.

Así ocurrió y ahora Trasmilenio y sus filiales transportan a todas las personas dentro de la ciudad, las llevan desde el centro (que esta en el costado este de la ciudad) al norte, al sur y al oeste, cumpliendo las rutas en un promedio de hora y media en casi cualquier caso, excepto en horas pico, cuando llueve, ocurren manifestaciones, un accidente de transito, un arrollamiento o un perro se detiene a orinar a un costado de la vía; en una de esas ocasiones tardara mas de dos horas. En general cumple su cometido pero ya el sistema no da para más. Este sistema está utilizando los autobuses más largos del mundo, biarticulados con capacidad nominal para 200 pasajeros y cada día toma más y más medidas para maximizar el uso del bus, las que incluyen disminuir la comodidad del individuo para aumentar el numero de personas que trasporta, reducir la funcionalidad de los equipos adquiriendo los menos potentes para disminuir los gastos de combustible y reducir los gastos de desarrollo para mantener la rentabilidad que en los últimos tiempos ha mermado.

En razón de sus actuales características técnicas y la cantidad de personas que se trasladan en el sistema ha llegado al punto donde la movilización se realiza a la velocidad promedio de 25 kilómetros por hora y ya no da para más. Seguramente crecerá, atenderá mas zonas y mas publico pero no lo hará mejor. Este sistema de trasporte ha servido de ejemplo para algunas ciudades pequeñas del mundo que lo adoptaron y adaptaron pues definitivamente no es lo mejor para conglomerados urbanos extensos y muy poblados.

Trasmilenio tiene oportunidad de mejorar en varios aspectos; tal vez hacerse mas rápido y aumentar su velocidad hasta los 40 km/h (promedio en vías expresas urbanas) con la aplicación de la automatización de su funcionamiento (al estilo Tesla), semáforos sincronizados, paso preferencia, nuevas vías elevadas, bacheo eficiente de las existentes y al control y supervisión de operaciones, que tristemente, en el siglo 21, se realiza a mano, con papel y lápiz, tal como si fuera una ruta de transporte público en un pueblo de Latinoamérica de 5000 habitantes y finalmente la aplicación de esquemas de operación que hagan disminuir los tiempos de espera y maximen el uso de las estaciones a favor de la comodidad de los usuarios. En cuanto a la comodidad y calidad de servicio puede realizar pequeñas mejoras, proteger de la lluvia al usuario en los puntos de transferencia entre el entre el andén y el bus (que es de metal y pintado en acrílico, que lo hace muy resbaloso) y los espacios entre anden y anden (llamado vagón en este sistema) que es un espacio no cubierto por los techos, también se podría aumentar la disponibilidad de ascensores y escaleras mecánicas y hacer mas eficiente y amigable la circulación de personas en las entradas y espacios intermedios al abordaje. Mucho se puede hacer por mejorar la iluminación en las zonas de trasferencia entre troncales, también en lo referente a la señalización (homogenización, estandarización internacional, simplificación) que es poco menos qué rudimentario; en algunas estaciones se pueden ver “cartoncitos” “pegatinas” y hojas impresas de poco tamaño tratando de paliar la condición. El sistema de información del funcionamiento y el cobro automatizado (taquillas manuales, torniquetes lentos y muy estrechos) causan retrasos porque requiere del usuario de mucho conocimiento y preparación, lo que es inconveniente en una ciudad que apenas tiene medio siglo de salir de la ruralidad.

Sobre todo, se hace mas importante, el dar a conocer los estándares de calidad para que los usuarios sean consumidores activos que reclamen un servicio de calidad. Es posible que la administración no necesite hacer esas inversiones porque siendo un sistema eficiente (no eficaz) construido sobre el temor al regreso a un sistema terrorífico e ineficiente puede darse ese lujo y otros como el de meter en las horas pico 300 personas en un autobús con capacidad para de 200 y conservar la frecuencia de los buses sin importar lo congestionadas que este el interior de las estaciones, situación que solo parece beneficiar a los concesionarios de la operación. Esta forma de funcionamiento, que va en contra de las normas de salud e higiene, quizás, fue una de las que razones por las cuales la pandemia encontró vía rápida de trasmisión del virus que pronto se extendió por la ciudad.

Los planes de la planificación urbana miran en otra dirección, hacia un metro elevado que esta en construcción. Quizás es muy tarde para cambiar de dirección, por ello los urbanistas de los próximos 50 años deben ver el servicio con otros ojos y otra filosofía que haga la vida de la próxima generación de bogotanos mas agil, sencilla, cómoda e higiénica, como merecen los habitantes de una de las ciudades mas grandes de América latina, en el entendido siempre que este servicio, el transporte urbano publico, no es y no puede ser un negocio, mas bien, que es un derecho de su población que no puede estar sujeto a mezquindades, ahorros miserables o falta de empatía entre los que planifican para con los usurarios y menos aun al muy inhumano concepto de hacer rentables los servicios públicos que pertenecen a los ciudadanos y no a los capitalistas que los explotan bajo cualquier esquema.

Comentarios