Las personas no cambian

Tal y como el cine lo muestra en cada una de sus producciones las personas no cambian, los asesinos lo seguirán siendo y los justicieros también, sin importar el tiempo que trascurra. Los malvados engañaran a los incautos y con pequeñas buenas obras ocultaran sus verdaderas intenciones en espera del momento para ver arder al mundo. Son almas torcidas, ni buenas ni malas, que están dormidas o apaciguadas esperando el día para despertar, salir, revelarse y ser quienes son y siempre han sido… o tal vez no.

Otras lo hacen, ese cambio, por las razones equivocadas o socialmente mal vistas, la venganza, el odio, el temor, el amor, la fidelidad perruna, la fe o la envidia. Pero de igual forma, y tal como lo muestran las novelas mexicanas y venezolanas, el malvado al final reflexiona, encuentra el amor o la paz y se transforma en bueno… otra vez.

Un análisis numérico puede ayudar para demostrar la imposibilidad de tal cambio. Alguna persona quien fue buena o malvada durante cincuenta años, que alimento el rencor, los deseos de venganza o el placer por el mal o hacer el bien sin mirar a quien no va a cambiar en dos semanas. Quizás si, seguro sera un cambio superficial. Ocurre que es imposible, realmente imposible que una conducta tolerada y hasta inducida por padres, soportada por conocidos y justificada por algunos miembros de la sociedad y mas aun, disfrutada por el individuo en cuestión durante todo ese tiempo; toda su vida; pueda ser modificada o dejada atrás en su totalidad por un gesto o una casualidad y en un breve tiempo. Esa actitud, mala o buena, esta incrustada en el alma, la mente, los huesos y los músculos de la persona.

Sin importar de quienes hablamos, los buenos y los malos no cambian. A una persona catalogada como buena puede ser torturada durante años y al salir de su infierno es capaces de sentarse a tomar un café con su torturador y pagar la cuenta. En el mismo camino esta ese individuo que fue bien tratado, amado, considerado y aun así es capaz de cortar la garganta de sus cuidadores y no apagar la luz al salir de la habitación en donde abanda sus cuerpos.

Al final siempre existe una llama de esperanza. Algunos cambian, para bien o para mal, depende del camino que se ha transitado. Por supuesto nadie puede cambiar del mal para el mal o del bien para el bien. En este asunto solo existen dos colores, de otra forma se hará imposible encontrar una salida o final para el tema.

Ocurre que tal vez algunos, de uno u otro bando si cambian. Lo hacen por las razones correctas y moralmente validas en función de los valores que le fueron infundidos. (para el nieto de esclavista es correcto tratar con firmeza a la mercancía, así lo aprendió) como correctas y son quienes se considera que en verdad han cambiado, porque lo hacen de un modo y una dirección que esta moral y socialmente aceptado. No importa la profundidad o sinceridad de ese cambio. Ocurrió. Esa es la clave.

El siguiente ejemplo es aplicable a todo cambio social y moralmente positivo. El primer paso para alejarse del alcoholismo es la admisión de la condición, decir "Yo soy alcohólico" y repetir esa frase es parte del credo de estas personas que bajo el lema de "solo por hoy no beberé" logran cambiar sus vidas y las de otros en su entorno. Esas personas, al igual que los consumidores de drogas, los adictos al sexo, a las emociones extremas y a otros desafueros de la vida moderna pasan por esa fase del "Yo soy" como primer paso al cambio socialmente aceptado, porque en realidad nunca se deja de ser, en realidad nunca se cambia, solo se decide a ser diferente o a cambiar el rumbo de los propios pasos en la vida. Es lo que llaman ahora, en el siglo XXI autocontrol y crecimiento personal que durante muchos siglos fue denominado meditación, arrepentimiento y deseo de enmienda; todo junto.

Un enfermo de ese tipo, (alcohol, drogas, sexo, asesinatos, violencia domestica) lo seguirá siendo siempre en lo mas profundo de su ser y su alma, pero ocurre que decidió no serlo “solo por un día mas” Ellos socializan los defectos de y controlan sus efectos; lo hacen por diversas razones; unas más válidas o memorables que otras; algunos lo hacen por amor a sus hijos o nietos, tal vez por su pareja, por odio, por envidia o simplemente se cansan de ser señalados por la sociedad. Algunas veces por cumplir una meta (física, monetaria o paz mental) otras por razones religiosas y otros por un temor a la cárcel y al castigo que esta por encima del placer que le puede producir su forma de actuar.

Tal vez parece que cambian, en realidad las personas siguen siendo los mismos y el cine, el teatro, la literatura y la historia, en general, nos muestra como ocurre con frecuencia que una persona que cambio regresa a sus anteriores formas de ser por razones fútiles, vanas o la desaparición del objeto o sujeto que motivo o promovió el cambio.

Quien cambia, o aparenta cambiar, lo hace, como ya se dijo, por un razonamiento interno, por meditación o crecimiento personal, nacido de ese análisis en donde se sopesan beneficios y castigos nace una conclusión que demuestra la lógica y conveniencia de la trasformación que luego deberá ser sostenida y apoyada por el entorno, claro, también por el fuero interior de la persona, pues la “gracia” de ese cambio es vencer al peor de los monstruos que encontrara en la vida: a si mismo. El mérito está en vencer completamente a los más cercanos y aguerridos enemigos del bien: TU Y TU FORMA DE ACTUAR.

Cuando se es capaz de vencer tan formidable enemigo cada día, un día a la vez y dominarlo, es cuando tiene méritos el cambio. Dejar de fumar cuando no se tiene dinero para cigarrillos no tiene méritos, no fumarlos cuando se necesita el dinero para comer tampoco. Hacerlo para comprar la medicina de los hijos o para ahorrar y comprar una pistola para asesinar al violador de tu primo si lo tiene. Dejar de consumir alcohol y drogas porque encontraste a Jesús y el te hizo cambiar milagrosamente no tiene méritos. Dejar de beber y rechazar el vicio cuando Satanás te ofrece trago, sexo, drogas y el olvido de tus faltas, eso sí es mérito. Saludos cordiales.


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