La era que nos toca ver y vivir es aterradora, todo es mejor si es más, no lo dude, vea las ofertas que se aparecen cada día en la televisión y en los mercados, todas tienen un común: lleve más por menos precio. Eso aplica a todo, por ejemplo a los televisores, lo común es escuchar que los de 42 pulgadas se ven y son mejores que los de 32, sin saber que el millón de colores de ambos no son percibidos por el ojo humano. No importa para que, la consigna es “más es mejor”. En la comida rápida es fuerza imparable, el perro caliente corriente es sustituido con pan por metros y salchicha por kilos, papas fritas y refresco son parte de la ración, quieras o no. Esos lugares ofrecen más y más sonrisas con porciones más y más grandes. Antes las pizzas súper gigantes eran cosa de concurso, hoy son parte del menú, y no para alimentar familias, son para satisfacer el ego de quien puede comprar. Eso lo podemos ver en las bandejas abandonadas con porciones sin probar. Y qué decir de las arepas, que ahora se encuentran del tamaño de ruedas de camión, con tres rellenos y derecho a ensalada ilimitada, eso en el centro del país, porque en San Fernando de Apure el límite de la mixta son cinco sabores con opción a la ñapa.
Usual es, por lo que a nadie sorprende, el caso de los automóviles, que los comercializan haciendo alarde de más potencia y velocidad, porque más velocidad es lo que vende y potencia es lo que gusta, por eso los equipan con motores que rinden 220 km por hora, con arrancadas de cine, a pesar que las leyes restringen la circulación a un máximo de 110, y eso es lo excitante, según algunos, disfrutar la vida al límite y el riesgo que te pongan una multa por abusador. También las personas sin motor se hacen mejores si son los más rápidos en la patineta, los más atrevidos en la acrobacia, el más tatuado o más estúpido en el video. El cine es otro que no escapa a esta locura; los que no ven cine nacional se excusan diciendo que no tiene más y mejores efectos especiales. Está el caso de películas que tienen solo un 35% de actuaciones y el resto del tiempo son más y más impactantes efectos especiales.
Ir a lugares donde antes ningún amigo ha ido y exponer la vida en cada trance sin importar el sufrimiento de los familiares es el “más y mejor” de las vacaciones. Comprar ropa y accesorios es otra cosa que se come igual, se quiere lo más caro y la mejor marca, no importa si te queda o si no es de tu talla, (que no es la misma cosa) lo importante es tenerlo y poder, según, ser gente, porque si no tienes más que yo eres en consecuencia menos, esa es la nueva ley social.
Si vemos a los muchachos en las fiestas percibiremos que cada uno quiere ser el que bebe más, el que come más, y se les escucha decir: “marico” yo me tome diez, bueno “won” nosotros nos tomamos dos botellas de glacial, ¡noooo, tu mama!, nosotros nos bebimos tres; y sube la dosis hasta la fatalidad. Los padres siempre quieren que sus hijos tengan muchas, pero muchas novias, que desde los cinco años tengan una en la escuela, otra en la cuadra y dos en la urbanización. Pero, Dios libre que la niña diga que tiene uno, de inmediato la mandan al ginecólogo, porque segurito ese es el malandro mayor del barrio, el capo más malo de la cuadra, el estudiante más indisciplinando de la escuela. Las señoras tampoco se escapan de esa locura, ellas quieren tener el pompis, el de atrás, los senos, las cejas, las pestañas, los labios y las batatas más carnosas, más firmes, más redondeados, más grandes, los más caros que su quincena pueda pagar. Toda esa inversión es para ser la que más cosas muestre en la playa, las fiestas o el ascensor; ser más bonita, más grande, más deseada y más provocativa, sin importar si sabe leer o fritar una ñema
Marca un hito el caso de los celulares y tabletas, en él, solo se escucha: “quiero el más avanzado, (y no se para que) con la cámara más potente (para tomarme fotos en el baño) con el flash más poderoso (y tenerlo apagado porque consume mucha batería) con cien “app” (no tengo idea que son pero suenan imponente), el que pasa las páginas de e-bock sin las manos (aunque no leo algo más de 140 caracteres y jamás comprare un libro electrónico) el más nuevo (para twittear con amigos y enemigos)”. No importa si la velocidad del anterior era de 1gigabite y el de ahora es de 2 gigabyte (diferencia no perceptible por el cerebro humano), lo único que interesa es que lo compres.
Todo lo contrario ocurre con la calidad. Pocos ofrecen calidad verdadera o mejor relación precio-beneficios en sus productos, confort y satisfacción en los servicios, mejor atención, seguridad o la solución de los conflictos o insatisfacciones. Esta carrera por el “más”, consumir sin tener como, comprar sin saber usar, tragar sin poder digerir nos lleva a la destrucción del planeta y a nuestra extinción, solo para satisfacer el ego consumista.
Dame más artículos de esos
ResponderBorrar