Un año y mas de encierro por causa de la cuarentena, la intensa campaña de los medios y las autoridades trajo consigo; en una dirección, la aparición del uso diario y constante del tapabocas y el lavado constante de las manos, actos que muy probablemente se harán parte de nuestra nueva normalidad; mientras que en la otra arrastra la desaparición de costumbres relativamente nuevas y otras muy viejas que ya formaban parte de nuestro ya pasado modo de ser.
La costumbre de dar la mano al conocer alguna persona o al cerrar un trato seguro desaparecerá; no para ser sustituida por el choque de puños o el poco aceptado codazo que nadie da; quizás sea sustituido por otra forma de saludo que aun no surge pero que seguro lo hará. Muy en el fondo del baúl quedara el saludar de beso y abrazo, una forma de saludos que se hizo muy popular a partir de los año 90. Otras menos visibles, pero ahora catalogadas de peligrosas, también desaparecerán, como es el caso de soplar en el ojo del desconocido quien sufre el percance de recibir una partícula dolorosa en un ojo. Menos ocurrirá el comer pasteles de cumpleaños donde el agasajado soplo la velita y por supuesto la recepción de brazos abiertos a extraños en esas celebraciones queda excluido del menú. Los que tenían el trabajo de soplar los paquetes de hojas blancas se quedaran desempleados al igual que aquellos con la mala costumbre de pasar las hojas de libros y cuadernos usando la punta de un dedo empapado en saliva.
El gesto de robar un beso alguien que se acaba de conocer pasara de ser un acto de romanticismo a delito de salud publica, cuando no un intento de homicidio. Lo anterior abre la posibilidad que el sexo en la vía publica, sin protección y entre personas que hace poco se conocen o que se reúnen por intercambio de negocios pueda ser catalogada como el punto de partida de una nueva propagación de enfermedades virulentas. Esta nueva normalidad traerá también un poco de paz pues los matones y peleones de barrio deberán abstenerse de hacer sus demostraciones de fuerza a menos que estas sean a dos metros de distancia el uno del otro para evitar los salivazos en un ojo, lo que en consecuencia enfriara los ánimos. Igual pasara con las peleas entre vecinas y especies semejantes, lo que hará las peleas no terminen con templones de moños o greñas al aire, mas bien lo harán con insultos y vulgaridades descontaminadas por el uso de los tapabocas.
Los noviazgos y pretensiones amorosas deberán reevaluarse en sus pasos previos pues los piquitos, las tomadas de mano y los soplos al oído deberán esperar hasta el intercambio de certificados de vacunación o por lo menos la declaración jurada ante todo lo mas sagrado que el o la pretendiente recibió ya la segunda dosis de la vacuna.
Afortunadamente no todo tiene el color gris que la nueva normalidad parece traer consigo. Las tacitas de café, el dulce criollo y los vasos de agua fría par la visita ya no se ofrecerán pues lo mas sano y seguro es que sean rechazados por razonada precaución, lo que se traduce en un enorme ahorro en la economía familiar.
Nuestros niños deberán regresar a clases preparados para no compartir la arepa o la empanada y menos aun para dar un chupito al helado o la chupeta de un compañero, también deberán a llevar y no compartir su botella de agua así como a usar el gel antibacterial antes y después de cualquier actividad académica o extra curricular.
Los abrazos a los desconocidos el 31 de diciembre o cuando nuestro equipo de beisbol se haga campeón quedan en el olvido tanto como aquellos tradicionales besos a la novia el día de su matrimonio. Comenzaremos a vivir una nueva normalidad cuando el rebaño este vacunado, mientras eso ocurre seguiremos viviendo la realidad de quitar costumbres a nuestras vidas agregando otras que debieron ser las de siempre: Al llegar de la calle, luego de un día de escuela o trabajo cambie sus ropas o por lo menos lave muy bien y durante 20 segundos las manos y la cara usando jabón antibacterial; eso si en la mañana llego el agua.

Es todo una realidad Luis Emiro, esta situación a nivel mundial trae cambios y nosotros como seres pensante que somos debemos adaptarnos a esos cambios
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