Antes de ser cadetes

Cada año, desde la primera mitad del siglo pasado, un gran numero de los estudiantes del ultimo año de bachillerato y de los ya graduados, acuden a las ahora llamadas Academias Militares de la Republica. Ese es el primer paso para cursar una carrera que exigirá sacrificios como ninguna otra, excepto la medicina, la arquitectura, la enfermería, la seguridad ciudadana, el Derecho, la paleontología, la arqueología, la exploración del medio ambiente, las ciencias puras y otras tantas que gozan de menos prestigio, pero que también cobran de sus cursantes grandes sacrificios durante el tiempo de estudio, mas aun en el ejercicio de la carrera.

Lo mas difícil de las carreras de las armas son los conocimientos previos que se espera que los aspirantes tengan aun cuando no han recibido ni una hora de formación real y practica en esos campos (la instrucción pre-militar no cuenta) que en general escapan a la realidad de los jóvenes bachilleres recién graduados. Los asuntos, mas que materias formales, son de una variedad variopinta y multicolor. De ellos se espera, desde el primer día que ingresan a la Academia, que sepan lavar ropa blanca a la perfección y planchar camisas sin almidonar para que se sienta como si se hubiesen almidonado con la presteza de un tintorero chino;  también a doblar pañuelos con el estilo y cuidados propio de un mayordomo ingles, a coser haciendo zurcido invisible, ruedos impecables y hasta remendar sobre la tela de gabardina de primera; lo que es un ejercicio que muy pocos sastres italianos llegan a hacer correctamente.

De sus modales, propios de muchachos de pueblo o nacidos en barrios bajos de las ciudades del pais, se espera que; sin previo aviso y sin diarreas;  se acostumbren a  desayunar cereal en forma de atol todas las mañanas a pesar que las madres venezolanas enseñan  a sus hijos a comer arepas cada mañana. Al respecto de esto de ellos también se espera que conozcan la técnica adecuada para comer arepa en cuadritos, a pesar que ancestralmente se come sosteniéndola con las manos, rellena con aquello que se ofrece en el plato, mientras la margarina se chorrea por la cara y sobre el plato. También deben  la sopa haciendo equilibrios circenses, el espagueti molido con cuchillo y tenedor a pesar que les enseñaron que la gente normal los enrolla en el tenedor y chupa con sonoridad el ultimo sorbo de salsa le pasa la arepa al plato y tiene una tertulia inteligente durante la comida y nunca a comer a velocidades de super héroe. La carencia de estos conocimientos augura al aspirante a unas interminables y absurdas sesiones de educación y buenos modales en la mesa que no esta escritos, etiquetada de tradición, que nadie respeta luego de graduados; ensayos y discursos que solo servirá para atolondrarlo y hacerlo pasar mas hambre que un ratón en una caja de clavos; lo que es considerado como parte de la formación del carácter del individuo.

En lo económico, los aspirantes a Cadetes; sin importar su extracción social y los medios con los que cuente la familia o si carece de ella; deben tener suficiente dinero para pagar una residencia cercana a la academia donde dormir con tranquilidad durante sus periodos de descanso. Ese plan económico debe ser suficiente para mantener el ritmo de una vida que tendrían si no fuesen pobres muchachos de barrio que escogieron la carrera militar, pues tienen que comprar los botones del uniforme, los reemplazos, ropa interior de lujo y otros detalles del buen vestir y de los uniformes, a precios internacionales en las proveedurías que los venden en exclusividad y que casi siempre pueden estar relacionadas con militares activos y retirados que vieron que invertir en este negocio que sin competencia y clientela cautiva es altamente redituable. En conclusión, en este aspecto, los aspirantes a un rango militar tienen que ser magos de las finanzas para llevar el tren de vida de un pacha o un emir mientras reciben la dieta de un pensionando del Seguro Social, so pena de ser aventajados por aquellos cuyas familias si tienen los medios y la disposición para hacer esas fuertes erogaciones de dinero que incluyen comidas abundantes durante las visitas, refrigerios a precios de cadena rápida en las cantinas de la academia y colaboraciones para todo tipo de eventos y actividades. En caso contrario, siempre quedan para los mas pobres, las escuelas de tropas profesionales.

Los nuevos bachilleres con interés en la vida militar deben ser parte de una familia bien formada, en donde se cuente con un padre firme, pero justo, una madre comprensiva y tierna, abuelos cariñosos y tíos jocosos; a pesar que la gran mayoría de los hogares en el pais son monoparentales y en muchos casos sus relaciones son caóticas, están rotas o son de esas llamadas toxicas; lo que deja atrás, muy atrás, en los procesos de selección a jóvenes  provenientes de familias basadas en relaciones homosexuales o simplemente a quienes carecen de una familia.

En lo mental se espera de ellos que no duerman mas de cuatro horas al día y que de preferencia lo hagan de pie o colgados del jergón de una cama cual murciélagos, y aun así que conserven la cordura, todo bajo la excusa de ser parte de su formación. En lo social se les exige tener su orientación sexual definida. Eso si, dirigida a lo heterosexual pues algo diferente esta prohibido y es delito militar, aun cuando la mayoría de los seres humanos determina su camino hacia la cama sexual poco después de los 25 años y a pesar que una buena parte de la población tiene apetencias diferentes a la heterosexualidad. En lo físico de los muchachos y muchachas se esperan atributos de belleza que pertenecen a un “mister” una “miss” o una figura del cine o la televisión, a pesar que sus padres o ellos no tienen ninguno de esos atributos porque nacieron vegueros, indios, albinos, sufren de vitíligo, les falta una oreja, tienen seis dedos, son hermafroditas o simplemente desnutridos desde la niñez, con padres sin posibilidades económicas para dar a sus hijos la alimentación correcta para desarrollarlos a tiempo, sanos y con perfección. Esto se les exige a pesar que son jóvenes nacidos en  un pais donde los sistemas de salud y nutrición tiene deficiencias y diferencias notables entre unos estratos sociales y otros. Se les exige que no deben ser discapacitados de ninguna forma o manera y que no deben tener marcas, cicatrices o tatuajes, a pesar que vivimos en un mundo donde los accidentes ocurren, la genética es variada, la contaminación causa estragos, la sanidad tiene fallas y los chicos no encuentran su camino hasta mas allá de los veinte años. Visto con firmeza estas exigencias son una suerte de cobro o castigo por los errores en los genes, por nacer pobre y por tomar malas decisiones en la juventud temprana.

Estos jóvenes deben llegar a las puertas de las Academias con cuerpos capaces de desarrollar marcas sobre humanas en eventos y actividades deportivas, es decir, ser capaces de nadar grandes distancias y contener la respiración por varios minutos a pesar que en la mayoría de las escuelas publicas y privadas del pais las competencias deportivas no tienen ni remotamente esos niveles de preparación y exigencia o simplemente carecen de una piscina o de un entrenador que los entrene de verdad, no esos “profe” que los hacen dar vueltas al patio que sirve de cancha, patio de recreo, escenario al aire libre y estacionamiento;  menos aun cuando la mayor parte de los niños del pais no tienen acceso a una fuente de agua donde nadar y cuando la preparación  física y técnica que se les exige es de competencia y requiere ser demostrada durante los exámenes de selección que se suceden luego de un viaje de 12 horas desde la provincia, casi sin comer, siempre sin dormir y sin ningún descanso. Esto aplica para la pista y campo, las condiciones aeróbicas y anaeróbicas del bachiller-competidor-aspirante que debe demostrar que posee excelentes condiciones físicas en un pais buena parte de la población sufre de desnutrición en su infancia.

Los futuros Cadetes deben conocer la geografía del pais y su historia militar en detalle cuando en el sistema educativo materias como esas son puestas a un lado para dar atención a otros intereses que no son la ciencias exactas. En lo moral, mucho antes de ingresar a la vida castrense deben,  conocer y entender en su sentido mas salvaje la frase que dice “el militar pare”, aun cuando contradiga sus valores éticos y morales, frase esta que se traduce a que el militar debe obedecer a su superior jerárquico a todo trance y por ello resolver las carencias, las exigencias, los problemas y los caprichos que se le presente sin mirar atrás, sin reparar en las consecuencias inmediatas, aun cuando esta obediencia perruna le lleve a romper tres lavamanos que están en buenas condiciones para reparar uno que solo es especial para los intereses de su superior jerárquico, subalterno moral, quien ordena repararlo a si sea robando, bajo la infame premisa “el militar pare y no se le muere el muchacho dentro de la barriga”, un recuerdo infame deforme, vicioso y pederasta del concepto de la obediencia entre las juventudes postprusianas.

Queda claro que los aspirantes a cadetes que terminan sus estudios son ciudadanos privilegiados; en la mayor parte de los casos; que cuentan, antes de ser Cadetes, con todas los medios y facilidades para serlo, mas aun, los que logran graduarse es porque obtienen un apoyo económico importante, que en muchos casos, llega a arruinar a las familias, las que invierten un buen capital en la formación del futuro oficial de una de las ramas de las fuerzas armadas, quien luego tendrá la oportunidad y el peso moral de compensarlos. Mientras tanto, los menos privilegiados, los nacidos en la pobreza, los que están lejos de los estándares de belleza o de los cánones sociales están excluidos de estas carreras que a la final se hace de las mas exclusivas y solo accesibles a los privilegiados económica, social y política y difícilmente a los chicos de barrio, del campo o del orfanato.

El ser parte de la patria  es una cosa y el servicio a la patria es otra,  por eso para ser cadete los Bachilleres deben tener desde la cuna las condiciones y medios para serlo; deben tener los atributos y habilidades antes de iniciar estudios. Por esa razón, el aspirante pobre y desamparado, el que va en solitario porque nadie le ayudara tiene pocas o ninguna posibilidad de éxito, porque no existe igualdad de condiciones. El futuro Cadete no se hace, nace, en el lugar y la familia correcta. 

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