El caos llamado pitillo

Literalmente son un pequeño tubo plástico que sirve para sorber y beber líquidos que se encuentran en el interior de un recipiente que está diseñado para tragar su contenido directamente. Si, así es, las botellas de gaseosas, las latas de bebidas energizantes y los envases de cartón de jugos y lácteos están higienizados para ser usados sorbiendo directamente de ellos con la boca (aunque no lo parezcan). Igual pasa con vasos plásticos y los de vidrio cuando son bien lavados y se manejan con las manos limpias; todos se pueden usar sin pitillo y así disminuir nuestra huella de carbono en el medio ambiente. El problema de su uso indiscriminado surge, tal vez, cuando las empresas de comida rápida introducen la tapa anti derrames, en donde si es indispensable su uso (y mayor la huella de carbono).

El pitillo se convirtió en la señal que, supuestamente, distingue a las personas educadas, asépticas, sifrinas y coquetas que no se pegan del pico de la botella. Por otro lado su uso está reñido con la higiene cuando lo entregan o reciben manos sin lavar, o cuando los dejan destapados a merced de un ejército de moscas que se pasean por el extremo que tocaran los labios o cuando el pobrecito es arrojado sobre un mostrador que conserva las huellas de las patas de alguna cucaracha o chiripa. Atrás quedaron los días donde eran usados para impulsar bolitas de papel o arvejas en el salón de clases como solo el odio y los pulmones de un escolar lo pueden hacer. También quedo atrás la escena romántica post moderna que presenta una pareja de novios tomando de un mismo vaso y con dos pitillos una leche malteada, un refresco o un carato de concha de piña.

Otros lugares del mundo le tienen otros nombres: popote, paja, pajilla, caña o sorbete, por eso, cuando se viaja al exterior es necesario estar atento para no confundir la palabra con un cigarrillo o un pantalón entubado y estrecho. El pitillo puede ser flaquito y enfundado en papel (los más modernos); gruesos y de colores, los traídos de china para los frappetes, y con punta que se dobla, los usados para servir cocteles en bares y playas. Desagradables son los amputados a un tercio de su cuerpo para ser usados como removedores de café, esos sirven tanto o menos que los removedores, que tampoco sirven para ese fin; además se ponen asquerosos cuando los abandonan en una cajita para que cualquiera los manosee a su antojo antes usarlos en su bebida. Los más desagradables son esos tan cortos que terminan en el fondo de la botella e impiden beber, desde allí revelan las sucias aventuras que vivieron antes de llegar al interior del envase, Ellos llegaron para quedarse y no hay más remedio que quererles casi por obligación

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