Dedicado a mi nieta Valentina Isabel
El mango, en Venezuela, está involucrado en una de las controversias históricas más cándidas y largas que se conozcan: El Libertador comió mangos. ¿Si o no?. Esa es la controversia. Los involucrados, historiadores, cronistas, archivólogos, legos y doctos en la materia y todo aquel venezolano que ha disfrutado de chuparle la pepa un mango debajo del árbol después de la escuela.
El dato más consistente del primer registro de la llegada del mango a Venezuela es de fecha 29 de abril de 1879, en donde Fermín de Sancinenea, navegante de la Compañía Guipuzcoana, portugués de nacimiento menciona su introducción por Guayana posiblemente desde la isla de Trinidad, a donde, a su vez, había llegado de Barbados. Antes había pasado por Margarita, el mango, no él navegante.
En aquella comunicación Sancinenea le explicó a su jefe, el ministro español Antonio Valdés, que había sembrado en la actual Ciudad Bolívar, canela, nuez moscada, clavo de olor, pimienta de Castilla y mango. Las semillas las había traído de Cayena, que en esa época pertenecía a Francia. En otro documento del 27 de mayo de 1795, enviado a Carlos IV, se anexan las certificaciones que avalan la introducción de la planta en tierras de Nueva Esparta y guayanesas.
Cuenta de ello lo da en 1800, Alejandro de Humboldt, en su libro "Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Mundo", quien señala haber visto grandes cantidades de árboles de mango en Guayana, especialmente en la hacienda de Félix Farreras.
En conclusión, cuando se sembró el primer mango en el país, Bolívar no había llegado a este mundo. Pero siendo un hombre importante es de esperar que en sus visitas, ya de adulto, a Margarita y Angostura donde ya crecían los árboles, fuese homenajeado, quien lo fue con mujeres jóvenes y dulces, también lo fuera con mangos para su disfrute, una fruta exótica, seguramente muy apreciada y valiosa reservada sólo a quienes pudieran pagar el precio. Aun cuando a la fecha no se ha encontrado un documento fidedigno que muestre al Libertador sentado bajo una mata de mango, con las manos y la boca embadurnadas por las carnes de seis mangos cuyas pepas yacieron a sus pies, es posible afirmar e positivo la ocurrencia de tal cuadro. La evidencia indica que sí es posible y estadísticamente muy probable que pudiera probar los mangos nacidos en estas tierras.

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