Pedir y dar perdón

Para estudiar el “pedir y dar perdón” es necesario dejar a un lado las connotaciones religiosas, sociales o políticas para tratar de verle de forma objetiva, lo que es bien difícil,  porque esa palabra está muy cargada de sentimientos. Desde lo legal el perdón ocurre como una medida excepcional que beneficia a quien causa un daño, solo luego que es juzgado y condenado, ósea, que sin certeza en el daño y definición en la responsabilidad del culpable no procede la medida excepcional del perdón. En lo familiar siempre está presente en el corazón de la madre, luego de dar el castigo a quien pego chicle en el sofá de la sala, y nace  de forma automática con en el río de lágrimas del culpable.
Implica un cambio de la conducta de quien lo pide, el ofensor, dirigido a enmendar el daño causado,
si esto fuese posible, y proporcionar paz mental a su víctima y así mismo. Ese proceso pasa por la toma
de conciencia de ambos del daño real causado y del beneficio de desterrar el odio. Quien busca el
perdón, en principio debe pedirlo. La expresión del deseo de ser perdonado es un paso importante
aunque se pueda pensar que es solamente simbólico y vacío de contenido. Esta acción explícita no es el
final ni el principio, es una parte del proceso que oficialización el inicio. Hacerlo sin que el otro lo
sepa, sin comunicar de qué se trata, carece de sentido. Esa solicitud debe ser libre y producto de un
examen de conciencia que lleve a desear el perdón y en consecuencia a asumir todo lo que esto
implica, aún la posibilidad de no obtenerlo,  y sin él, seguir adelante el proceso de hacerse merecedor
del perdón, incluso sin que ello lleve a la reconciliación.
El primer paso es reconocer el daño causado, y de ese examen de conciencia surge la necesidad de enmendarlo. Es necesario entender que la enmienda no es un pago que compre el perdón, porque la ofensa es una deuda sin fin y porque no se puede pagar por algo que carece de precio. Además, no basta la intención cierta de no volver a hacerlo, es necesario comprometerse a no hacer daño nunca más a otra persona. Definir un plan de acción concreto para que nunca vuelva a ocurrir y compartirlo con el otro es el siguiente paso para pedir perdón.
Desistir de la opción de perdonar como medio para despejar el camino de los pensamientos negativos
y dejar atrás todo aquello que impide avanzar en otros intereses y objetivos es comer empanadas con
ají picante para no engordar, es no recordar que al final el rencor, como el ají, duele al salir. Perdonar
no implica ser pendejo, tampoco significa olvidar lo que ha pasado. El olvido es un proceso
involuntario que se irá dando, o no, en el tiempo. Pero el perdón para cumplir su misión debe ser
auténtico y para serlo supone obligatoriamente levantar la pena moral al ofensor. Implica dejar en la
estacada conductas destructivas como la venganza, la revancha o las autodestructivas como el abandono, la depresión o la agresión hacia otros. Su objetivo no es la extinción del sufrimiento, implica la aceptación del daño, sus consecuencias, y la imposibilidad de que sea corregido, tampoco implica el abandono de la búsqueda de la justicia.
Acercarse al ofensor  no implica una nueva amistad, que no es una posibilidad descartable,  Implica si,
la reconciliación y el desear cosas buenas para el ofensor. Quien tiene ganas de venganza no está
preparado para el perdón, porque cada pensamiento en esa dirección abre la herida y duele, y ese dolor
recuerda el daño recibido y el recuerdo del sufrimiento lleva a sentirlo de nuevo.

Del deseo de venganza emana el veneno de la injusticia, y el suele estar presente como la mordida de
un perro. Por muchos años, y al igual que ella, el dolor no cesa;  entonces la vida se pierde en rumiar
la venganza que nunca llegará y que de hacerlo nunca proporcionará satisfacción, porque ya está dicho
que el ojo por ojo dejara ciega a la humanidad. El perdonar es parte de ser justos; una vez que el
ofensor reconoce su falta, rectifica su conducta, pide perdón, enmienda y expía su culpa está preparado
para ser  perdonado, entonces la vida sigue adelante. Esto no implica que quien perdona aceptara un
nuevo ataque, más bien le prepara para contrarrestar la nueva ofensa o el nuevo ofensor, para ser menos
ingenuo y más inteligente. No es una demostración de poder, ni de debilidad, es perdón.

Comentarios

  1. Muy acertado en todas sus lineas, faltaria mencionar los beneficios de quien perdona, eliminar cargas innecearias en la vida, debe ser capaz de dar mayor felicidad a quien perdona. Pienso que el perdon debe necer desde lo mas profundo del alma de quien lo da, debe ser voluntario y debe ser realmente un sentimiento antes que solo una expresion para complacer a los demas, por otra parte el perdonado, deberia asumir el valor de aquella persona que perdona y asumir que es una circunstancia que requiere mucho valor y entereza de ambas partes. Por ultimo mencionaria aquella famosa expresion, ¡ Perdonar no neceariamente significa olvidar!, a veces es pertinente recordar, sobre todo para no caer nuevamente victima de ofensores; una buena amiga decia que la primera vez caemos, por no saber, la segunda por saber demsiado y la tercera por sinverguenzas. Entonces la idea es no llegar a una segunda o tercera vez.

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