Los amos de Lima

Viven y duermen en las calles de la ciudad, allí donde sus habitantes les construyen albergues temporales durante el invierno.
Hasta allí les llevan ofrenda de alimento y cobijas. Los cuidan, les protegen de cualquiera que intente hacerle daño. La policía actúa dura y sin piedad contra cualquiera que les amenace, o a sus lugares de ofrendas y descanso. Los ciudadanos venidos de otros mundos se contagian de ese culto, les veneran, protegen y adoran con el mismo amor que alguno nacido en esta ciudad le profesa.
Los amos de la Ciudad se pasean por sus calles, ondean sus capas, lucen sus abrigos. Aman, juega y disfruta la vida, no tienen preocupaciones. Cuando enferman un ciudadano o ciudadana les cuidara, comprara sus medicinas en la farmacia, le llevará al hospital, le harán exámenes de laboratorio en centros de atención, todo de uso exclusivo para ellos. Sí sufren heridas se llevan la comida hasta la boca, lloran, sufren y curan sus  llagas.
Los habitantes de la urbe ya no conciben su existencia sin la presencia de los amos de la ciudad. Por tal razón están presentes en todo lugar, casas, jirones, avenidas, parques, en el Metropolitano, en cementerios, salones de fiesta, hospitales y tribunales. están en todos lados en donde exista actividad humana. Son los amos de Lima. Exhiben su salud y gordura por cada rincón, no hay sitio donde dejar de verlos.

Los hay con herencia, ricos de cuna, de alcurnia histórica, famosos del cine y algunos llegados de otras tierras; muy pocos son criollos. Quizás esta sea la razón por la que desaparecen y luego se ofrecen recompensas que se pagan, rescates que se anuncian en prensa, en los mercados, en las calles. De los culpables del secuestro o la desaparición no se sabe nada, no son nadie y nadie les quiere reconocer ni dar a otro dar algún tipo de reconocimiento como autores del mal. La sociedad desea que queden en el olvido. Lo único importante es que regreso el amo y está a salvo de nuevo, protegido de todo mal, abrigado alimentado. También ocurren cosas interesantes, como el régimen de adopción abierto, donde  los dueños de las tiendas que venden sus alimentos, hacen peluquerías y les miman les dan comida y alberge pero sin dejar que entren en su casa pero sin dejarlos salir de su corazón.
Los amos de la ciudad lo son, sin lugar a dudas. aun así para demostrarlo, para dejar claro quiénes son, se cagan en cualquier lado, en el momento que les da la gana, mañana, tarde, noche, veredas, paraderos, Iglesias, metro, bulevares, monumentos, bares, donde sea; mientras sus súbditos no hacen nada no osan tocar su sagrada mierda, eso queda allí para quien la pise recuerde su existencia, para que los súbditos descuidados en su andar, que ignoran su existencia, la existencia de sus amos, les recuerden mientras tratan inútilmente de limpiar la suela de tus zapatos en la grama donde dice “no pisar”. Esto ocurre quizás para advertir que las heces de los amos de la ciudad no deben ser profanadas.
Pero pronto algo va a ocurrir, algo va a cambiar, nada seguirá igual; anoche estaban sus rivales planeando el contraataque. El gato nixs prepara la guerra de los dioses.

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