Es un método de expresión del descontento social, de
presión política a los gobiernos o de propaganda en general, que estuvo muy de
moda en los años 70 y 80 y que usualmente se aplica en tiempos o lugares en
donde los ciudadanos que protestan o utilizan este método de protesta pacífica
son gente que puede y tiene como comer, de otra forma solo es una payasada, un
acto carente de sentido y un inútil intento de llamar la atención de los medios
hacia una causa de cualquier tipo.
Este método de protesta tiene dos partes básicas. la
primera parte es el no comer, el no ingerir ningún tipo de alimentos, desde un
momento determinado previamente anunciado, en este acto el huelguista sólo
consume agua y ningún tipo de suplemento alimenticio, galletita o chicles, ni
siquiera agua de coco, solo agüita pura. La segunda parte y también la más
importante es él anuncio, del acto, su inicio, su duración actual, los nombres
de los involucrados, la expresión de la causa de su protesta y sus peticiones así
como de su resolución de morir de inanición si no se cumplen sus demandas. Para
tan complejo trabajo se toman de forma pacífica un espacio público (plaza,
iglesia, instituto, edificio gubernamental) y en él se instala el campamento de
los huelguistas quienes bajo el pretexto de no ser desalojados por la autoridad
desafiada son amarrados o encadenados, lo que también sirve para que en caso de
dudas existenciales los huelguistas no deserten.
La preparación de la protesta es ardua y se inicia
generalmente en la clandestinidad para evitar que la autoridad sabotee el acto
y también para evitar el bochorno de anunciar el retiro de uno de los
protestantes por razones personales, por ejemplo, ganas de comer. La primera
parte del trabajo que se hace anunciando los medios de comunicación masiva la
instalación del campamento, lugar, hora y los nombres de los valientes voluntarios
o de los mala suerte señalados, sus biografías;
y de su publica decisión a mantener la protesta hasta llegar a la muerte por
inanición si fuera necesario. La segunda parte son las manifestaciones de apoyo
hechas en el lugar por amigos, vecinos y militantes de la causa que se apostan
en el lugar para ayudar a los huelguistas en sus necesidades y evitar el
desalojo, la llegada de madres, abuelas y tías que con arepas y mucho amor quieren
sabotear la protesta. También es útil la masa de testigos para aplaudir cada
vez que se leen discursos, proclamas y manifestaciones de apoyo de personas que
desde lugares lejanos manifiestan su simpatía a la causa y expresan su
solidaridad con los huelguistas a quienes apoyan, ensalzan y muestran como
ejemplo de juventud combativa. Sin este grupo de personas los manifestantes son
solo unos gatos maullando en un callejón sin salida y sin alguien que los
escuche.
Lo más importante de la huelga de hambre es la
disposición manifiesta y sostenida por los huelguista de mantenerla y de ser
necesario entregar su vida por “la causa” y dejarse de morir entre las cámaras,
poco a poco, lentamente, ante los ojos indolentes o piadosos, pero nunca indiferentes
de la opinión pública qué se supone debe verse afectada al ver morir a una
persona, valiosa o no para la sociedad. Esa disposición del manifestante debe
ser anunciada en todo momento por el grupo de apoyo presentándola como la parte
más importante de la huelga, que no es de ninguna forma la capacidad de
aguantar hambre o dolor, es la disposición a enfrentar a un enemigo sin un solo
acto de violencia pero a dispuesto a morir en ese enfrentamiento y adversar de
esa forma a régimen de manera consiente y pacífica.
Este método de protesta luego de ser muy efectivo se
fue desvirtuando en razón de dos cosas. La primera es que se afianza en lo
mediático y noticioso por encima del sacrificio personal. por supuesto que el
sacrificio es personalísimo y cada quien sabrá si está uno dispuesto a morir
por una causa o ideología, por lo que considera justo y positivo al punto de valorar
su propia vida menos que el bienestar de una sociedad y tanto como para pagar con
su propia vida el pasaje a una vida colectiva mejor. O sea, una huelga de
hambre sin la disposición de morir no es más que una mamadera de gallo, pero es
popular o lo fue por su impacto en la sociedad, ver a una persona que rodeada
de alimentos que no come es una imagen que golpea la sensibilidad humana, por
el temor al daño de la salud de esa persona o por el desperdicio de comida, una
u otra, o ambas a la vez.
Lamentablemente este método de protesta ha perdido
espacios que tenía de antaño por causa de la falta de seriedad de protestantes
y efectivos métodos que para su neutralización han encontrados los gobiernos.
Estos últimos sabotean con facilidad este acto al enviar a sus grupos de choque
social, quienes enfrentan a los huelguistas presentándose en el lugar armados
de pollo asado, una buena parrilla, un par de hamburguesa y la disposición de
darles un poquitico a escondidas, lejos de los periodistas pero cerca de las
celulares donde les hacen “selfies” con la boca llena de guasacaca y una
sonrisa digna de comercial de pizza. La otra táctica es que doblegan a las
familias bajo la idea que sus hijos son utilizados como carne de cañón mientras
los jerarcas del partido cenan ovíparamente con lo que logran que madres y
abuelas armadas con chancleta en mano corran a rescatar a su muchacho de tan
trágica loquetera. Todo lo anterior se conjuga con declaraciones en los medios
de comunicación donde dejan en evidencia la falta de fuerza ideológica y
política del huelguista, la protesta y la falta de apoyo de sus familias y líderes.
Y los gobiernos saben esperar, así como en contrario el público se cansa pronto
y al no haber desalojo con violencia y sangre, un daño renal grave, o una
muerte súbita pronto se aburre y deja de prestar atención. Como en el circo
romano todos se tapan los ojos con las manos para no ver la sangre pero separan
los dedos para no perder detalle. Sin un espíritu decidido al sacrificio y una hermosa
inmolación o por lo menos un sacrificio de sangre este método de protesta no
pasa de ser una estupidez increíble hecha por pendejos.
Al punto es la falta de compromiso con el objetivo,
con la causa y sus ideales, así como la carencia de formación ideológica que
las últimas veces que se vio esta protesta los gobiernos no enviaron a nadie; los
supuestos huelguistas, carentes de fuerza de voluntad y compromiso ideológico
se fueron a un carito de perros calientes y tomaron la resolución de comer dos
perros con aguacate y yema. Peor aún lo son aquellos que mantienen por días la
protesta y gana peso recibiendo asistencia
médica especializada, suministro de líquidos por vía intravenosa (suero con
yuca frita) y como suplemento alimenticio el agua de coco, tetero de fororo, juguito de lechosa con
azúcar y trozos de la fruta, bebidas energéticas, café con leche y galletas,
chocolates y cualquier cantidad de cosas que sólo hacen poner en duda o mejor
dicho dejan en evidencia su falta de compromiso con lo que llaman una causa
justa. Pero el miedo al dolor y a la muerte es libre y eso se respeta.
Aun así, los gobiernos del mundo tienen su recetario
para responder a este tipo de protesta cuando se tornan serias y peligrosas.
Los desalojan del lugar con el uso de la mínima fuerza necesaria, los aíslan cerrando
los accesos al lugar y tapando las vistas hasta que sean olvidados por la
opinión pública o mejor aún, con uso de la fuerza letal los rescatan de quienes
les tienen secuestrados en ese lugar y
les trasladan a hospitales donde los declaran locos, les proporcionan sin su
consentimiento o de sus familiares alimentos, agua y asistencia médica por la
fuerza o bajo sedación, bajo el argumento que han rescatado una vida en peligro,
que han actuado conforme a la ley para la protección del derecho humano más
básico: la vida. Y estas acciones son tan perfectamente legales que hasta orden
judicial poseen en su respaldo. El gobierno objeto de la protesta siempre
reaccionara, la muerte del huelguista queda en la conciencia del público que lo
vio morir, y demuestra la incapacidad para el dialogo social o por lo menos
para modificar sus políticas, deja claro que es un gobierno que no accede a presiones
de minorías, que no media y que no hace nada para salvar una vida. Otro forma
de reacción y contra acción de los gobiernos es la censura, pero de eso nada
podemos decir.
El campeón de las causas justas y de la no violencia fue
Mahatma Gandhi, quien pocas o ninguna vez hizo huelga de hambre, más bien
motivo a sus seguidores demostrando su resolución y apego a sus ideas y
proyecto haciendo ayunos muy prolongados. En su caso, él sabía que su destino
no era inmolarse, no era morir durante la protesta, era dar un ejemplo de
sacrificio. Por esta razón y ante la falta de compromiso, ante la falta de
valores morales e ideológicos claros y firmes, tienen que nacer nuevas formas
de protesta, nuevas formas de para exponer las acciones que comete el régimen
adversado, para que los hechos salgan a la luz y el mundo conozca la noticia
sobre la verdad.
Hoy día no es fácil encontrar personas tan
comprometidas con un proyecto que estén dispuesto a sacrificarse al nivel de sufrir
dolor, perder su salud o dar la vida para demostrar que un régimen les tuerce
el brazo y hacer llegar su mensaje al mundo. Conseguir el objetivo por el
camino de la huelga de hambre es tan difícil que lo mejor es buscar nuevos métodos
de protesta pacífica en donde las personas no comprometan sus riñones, su
hígado, el sistema digestivo; por eso hace falta acciones de protesta contundentes
que hagan reflexionar a los gobiernos del mundo tales como los abucheos
públicos a los políticos, los papelillos en las esquinas y los carteles en los
semáforos, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, que risa produce.

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