La
totalidad de las reivindicaciones en materia de derechos civiles de las
personas sexodiversas son producto de largas luchas en la calle o de extensas
batallas judiciales; rara vez de la casualidad, del reconocimiento instantáneo
o de la justica racional y espontánea. Por esa causa, la ausencia del
señalamiento en la cedula de los venezolanos del sexo de los ciudadanos y ciudadanas
que la porta, muy posiblemente será una de esas historias que tardarán muchos
años en ser descubiertas o quizás nunca se conozca la verdad, en cuyo caso será
cuestión de especulaciones, cuentos y leyendas sobre su origen.
Lo
cierto y seguro es que en el sexo en la cedula de los nacidos en la tierra de Bolívar
y Paéz no aparece definido. Lo que trae una consecuencia legal muy importante:
los ciudadanos pueden y tienen entonces el derecho a señalar su inclinación o definición
de género, es decir, cada quien dice según su libre albedrio, si es y se siente
niña o si es y se siente varón, o cuanto de cada uno o de ninguno de ellos.
Esto es un asunto de libre elección, una prebenda
que alguien con intención o sin ella ha otorgado a los ciudadanos de esta nación.
Y en la práctica es así, porque ocurre que en esos actos donde la persona debe
identificarse, los presentes deben estar contentos y satisfechos con la forma
en que cada quien se identifica. De otra
forma ocurría que, en cada una de esas ocasiones y sin importar el aspecto
exterior de las personas, la autoridad tendría la obligación de pedir a las
personas que bajen sus pantalones o suban sus falda para demostrar de forma fehaciente
y sin lugar a dudas cual es el órgano sexual que ostentan al final del vientre
y entre sus piernas.
Así
es como nacen las leyendas urbanas, con una preguntas simples, ¿Quién fue? ¿Qué
razones tenia? Las cedulas anteriores a las de fotos en color señalan color de
ojos, estatura, sexo y señas particulares. Hoy día esos aspectos están
desaparecidos del documento porque alguien a quien no conocemos le pareció
conveniente. Y ese parecer, de un momento, creó un derecho que las personas con
deseos de hacerlo valer deben defender antes que alguien encuentre la forma de
hacer aparecer las opciones “M” o “F” y ninguna otra en el documento de identidad
y obligue a todos los que tienen vagina a usar falda y quienes tienen pene a
usar pantalón. En estos tiempos de elección presidencial en donde es posible
que personas de pensamiento radical en cuanto al vestir se integran a la
contienda electoral que pueden ganar, lo más conveniente es que las personas
interesadas tomen medidas judiciales que perpetúen esta ventaja que de paso
sean garantía para asegurar entre otras cosas espacios penitenciarios, baños,
dormitorios, ropa, reconocimiento social y respeto de genero a más de cuatro
sexos o tendencias en la diversidad sexual.
El
pasaporte venezolano al igual que la mayor parte de los pasaporte del mundo, si
no todos, incluye el sexo de los genitales de la persona que lo porta, pero no
su identidad sexual, la identidad que esa persona reconoce a sí mismo, la
identidad que esa persona se reconoce y otorga cuando se mira al espejo, que
por ser un derecho humano debe ser respetado por todos y protegido por la autoridad.
Ese atraso social en los documentos de identidad obliga temporalmente, en
muchos casos a las personas que tienen sexualidad particular a dejar de ser
quienes son para evitar ser acusados de viajar con una identidad que no les
corresponde, lo cual es falso. Todo lo contrario, a esas personas se les obliga
por causa del sexo en el pasaporte a despersonalizarse para poder viajar y dar
respuesta cónsona a la idea que tiene la autoridad que chequea el documento,
según el pasaporte que posee. Todo eso es una soberana estupidez. Vivimos
tiempos en donde los sistemas de identificación permiten que una persona pueda
ser identificada sin importar la sexualidad que aparente o el aspecto que
tenga, aun si es asexual
Todas
las personas tienen el derecho a manifestar un aspecto físico diferente al que
correspondería por causa la presencia de uno u otra clase de genitales de nacimiento,
esa es una cuestión que aun meramente estética que debe ser respetada, más aun
cuando ese canje representa un cambio de conducta o de forma de actuar sexual. Entonces
la ventaja que tienen nuestras cédulas sobre cualquier documento de
identificación del mundo debe ser defendida por todos, por respaldo y respeto
activo a aquellas personas quienes tienen una diferente forma de ser y actuar;
defender el derecho ajeno aun cuando no estemos en acuerdo con esa otra persona
es lo que llamamos solidaridad y eso solo es posible en sistemas políticos
donde se respeta al ser humano tal y como es: toda vida debe ser protegida y
respetada por sus semejantes.
Nuestra
cédula no tiene, no menciona el sexo de la persona, entonces la persona puede decidir
respecto a su sexualidad, si se siente hombre o se siente mujer, si se siente
femenino o masculina, es una ventaja que debe ser aprovechada por las personas
que tienen el deseo de hacer manifestación de voluntad libre y soberana;
hacerla valer ante cualquier autoridad pues si puede haber una segregación positiva
más allá del simple masculino o femenino.

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