Pesar que todo está bien porque se está contemplando la dulce
y tierna estampa en donde los padres compran para su pequeño hijo un helado o planifican
una alegre fiesta de cumpleaños con payasos, brinca-brinca y torta mientras su retoño
espera con ansiedad la llegada de ese día es menospreciar el poder de las
lágrimas de una niña o un niño. En ambos casos los ojos evitan ver el moco seco
cerca de la nariz o los ojos rojos e hinchados y los labios amoratados de tanto
llorar. Es que la mayoría de los niños cuando se empeñan en tener algo se valen
de su único y poderoso recurso: las lágrimas.
Esa frase, “los padres son capaces de todo para lograr la
felicidad de sus hijos” o que “para dar por terminado un berrincha hacen lo
imposible” son muy ciertas, tanto que de ellas surge la predicción que los
papas y las mamas a la hora de la verdad, literalmente, no tienen límites para
lograr la felicidad de uno de sus vástagos. Por esa razón cierta y eterna es
que los comerciantes siempre venden a mayor precio la ropa de niños que la ropa
de adultos a pesar de las diferencias en la cantidad de materiales y mano de
obra involucrados.
No ver que los padres hacen fiestas y dan regalos a los
hijos a pesar que cada día los precios suben es ignorar que ellos lo hacen por
un asunto de salud mental, por amor, por valentía, es la raza humana enfrentada
a la adversidad y apostando siempre por la felicidad. Esos regalos y caprichos
no son derroche, son su apuesta por un futuro esperanzador y por la felicidad.
Para el venezolano el principal signo de debilidad es la
falta de fiestas y las fiestas sin bebida alcohólica no son nada, además, todos
saben que el venezolano bebe por casi cualquier razón y lugar, bebe en el
cementerio, en el hospital, la funerarias, en la iglesia; bebe para celebrar,
para no llorar, en matrimonios, divorcios, bautizos y confirmaciones. No
hacerlo, dejar de celebrar todo lo celebrable o no y dejarse embargar por la tristeza
es entre nosotros signo de debilidad. Cuando vemos a un venezolano organizar
una fiesta para celebrar algo es en realidad que esta espantando de sus ojos
las lágrimas propias y las de sus hijos, es que se resiste a dejarse aplastar
por la tristeza, las circunstancias o lo mal de la situación económica.
Debería haber un subsidio para que padres y madres compren
helados y chupetas, hagan fiesta de cumpleaños con piñata, regalos y piñata; todo
para evitar que la verdadera crisis quedé al descubierto. El poder de las
lágrimas de niños, niñas y adolescentes es principalmente evitar, encubrir y
ocultar la crisis, el día que esas lágrimas fluyan sin césar y no se encuentren
padres y madres prestos a evitar que salgan a las luz será porque de verdad la
crisis gano.

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