No soy una máquina.

Yo no soy una máquina

A los bomberos en su día.

Te pido disculpas, yo no soy una maquina aunque quisiera serlo. Por más que intento no puedo evitar llegar tarde algunas veces cuando llamas, pero no puedo correr más rápido para llegar hasta ti desde el otro lado de la ciudad; ocurre también que los conductores desconsiderados no se apartan, los niños de padres descuidados saltan a la calle y los inconscientes nos llaman sin necesidad.
Si hoy no me veo bien, por favor discúlpame, es que esta noche no dormí pendiente de los teléfonos, atendiendo un accidente, trasladando un paciente y sacando un rabipelao de la casa de un vecino, todas en un mismo turno y por eso no descanse completas las cuatro horas que me corresponden cada noche.


Tengo los nervios destrozados, el corazón acelerado y los malestares del estómago me consumen, porque al igual que la mayoría de mis compañeros en el mundo, mi cuerpo resiente las noches que paso en vela, tenso, esperando que nada demasiado malo ocurra, y si ocurre que nadie salga herido, y si hay heridos que nadie muera y si muere que no seas tú.
Si hay una emergencia ves algún hombre o mujer que sin titubeos ni mirar atrás, corre en dirección contraria a la única salida, por favor no le llames loco, seguro que es uno de los míos, tal vez yo, que sin uniforme y a desprecio de nuestra seguridad nos adentramos en el conflicto para ayudar, con nuestras manos desnudas como herramientas y armados con la esperanza de que pronto los compañeros llegaran.
Si me desmayo durante un acto oficial en la plaza Bolívar por favor no me saques fotos y hagas burla de mí, piensa que hasta esta mañana estaba trabajando para ti; y si hoy no quiero hablarte es porque en un siniestro vi, olí y cargue gente destrozada, y eso es un “escenario” que requiere de estómagos duros y cabezas frías, sangre de culebra dirían algunos. No todo el mundo puede hacerlo. Muchas veces nadie quiere hacerlo, y yo lo hago porque así escogí, pero por favor entiende que ese "escenario" me acompañara por el resto de mi vida.
Durante los turnos que duran 24 horas compartimos mucho con los compañeros que llegan a ser hermanos para toda la vida, y eso nos lleva a ser en la estación una segunda familia, comemos en la misma mesa, dormimos en la misma habitación, limpiamos la estación, practicamos juntos y ponemos las vidas de unos en manos de otros con los ojos cerrados; por eso nos puedes ver aun en los momentos más difíciles intercambiar una sonrisa, que es mas de aliento que de diversión. Y si bien la convivencia es agradable y prolongada, aun así extraño el afecto de mis familiares, por eso me ves correr presuroso a mi casa al finalizar el turno. Necesito de ese calor de hogar, recargar mis ánimos, sanar mis heridas corporales y emocionales, para mañana regresar a servirte.
Ruego me disculpes por tener un horario que me permite salir a pasear un lunes en la mañana o ir de compras con la mujer y los niños un martes en la tarde, ese es un privilegio que no pedí, y que caro me es cobrado, porque cuando los demás están de fiesta y vacaciones, yo estoy trabajando y sin días libres; muchas han sido las navidades y año nuevo que he pasado fuera de mi casa y trabajando.
Si tienes envidia de la falta de rutina en este trabajo te equivocas, hay que limpiar, entrenar, cocinar, limpiar, trabajar, limpiar otra vez y hacer formaciones con rigurosos horarios; y si alguien te dijo que era divertido salir a atender una emergencia siempre diferente, olvido decirte que cada una tiene sus riesgos y consecuencias. Aun rescatar un gato mocho en la rama de un guayabo tiene sus peligros, y tengo que enfrentarlos sin más preparación que mi entrenamiento y el apoyo incondicional de mis iguales.
Llegamos al cuartel de Bomberos por diferentes caminos, y nos hacemos bomberos por diferentes causas, todos lo seguimos siendo por decisión propia, y esa decisión nos acompaña toda la vida; esa es la respuesta de porque en el mundo no hay ex-bomberos.
Si es Bombero, no es por dinero, prestigio, ni adulación; tampoco son las medallas, que no existen para nosotros; es por la satisfacción de hacer algo muy bueno en un mundo que se ve muy mal. Soy bombero para ser solidario con quien lo necesita y no escojo quien recibirá de mí el mejor esfuerzo. Suena la alarma, corro, agarro mi casco, calzo mis botas, subo al camión, hago bien mi trabajo y regreso con el favor de Dios.

De nuevo te pido disculpas, yo no soy una máquina, aunque quisiera serlo; y es porque así llamamos a nuestros vehículos, ambulancias, camiones de rescate, cisternas, camiones bomba (los inolvidables Campeón, Pavo real y el Apollo), que día a día y por muchos, muchos años, fielmente están para acompañarnos en el servicio; y sí, quisiera ser como ellos, llegar a tiempo, ser incansable, de hierro y como una maquina servirte sin descanso, pero solo soy un ser humano, y bombero.

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